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La etapa
infantil de cualquier especie sirve para variar su
comportamiento en base al aprendizaje que durante esta
etapa produzca su interacción con el entorno. Así pues
permite adaptarse al individuo a sus condiciones de vida.
Esta
posibilidad de variar la conducta es fundamental para el
adiestramiento y desaprovechar esta etapa, la más fértil y
moldeable del perro, es limitar los resultados del
adiestramiento.
En la infancia
el perro no sólo aprende hechos concretos sino, lo que es
más importante, aprende a relacionarse con el mundo,
aprende esquemas de comportamiento, o sea, normas
generales según las cuales juzgará luego lo que le suceda
y lo adecuado o no de nuestras acciones con él. Por
ejemplo: un perro que ha sido brutalizado al trabajar de
cachorro tenderá, aunque cambie de dueño o sitio de
trabajo, a mostrar miedo ante la idea de trabajar. Por el
contrario, si el perro sólo ha trabajado por premio sin
existir autoridad ni eventos negativos puede atemorizarse
en extremo si un día aparece en el trabajo un castigo,
aunque sea suave, porque para él no encaja en el esquema
que se ha creado.
Así pues vemos
la importancia de trabajar sobre el cachorro para crear la
actitud buscada ante el trabajo, pero los beneficios de
trabajar con un cachorro son muchos más, entre ellos:
proactividad en el trabajo, facilidad de aprendizaje,
rapidez funcional del adiestramiento, adaptación del
cachorro al tipo de programa que vamos a entrenar, más
tiempo para pulir detalles (pues al llegar al año el perro
prácticamente conoce la totalidad del programa de trabajo)
y en conjunto una cantidad de ventajas enorme que nos hace
plantearnos por qué no todo el mundo inicia el trabajo con
cachorros. Existen dos motivos: el riesgo de error, si nos
equivocamos en un cachorro los errores suelen ser de más
difícil solución y el desconocimiento de las técnicas
adecuadas, en muchos casos los conocimientos del
adiestrador se limitan a técnicas para enseñar las
acciones concretas que desea que ejecute el perro
(sentado, al paso...) pero sin saber por qué funcionan, es
decir, qué pasa en la cabeza del perro cuando las aplican.
Por contra el trabajo del cachorro es más sutil pues busca
resultados generales a todo el adiestramiento más que a
una sola acción (aunque también se enseñan acciones
concretas). Además requiere un mínimo de planificación y
coherencia en el trabajo para hacerlo evolucionar.
Los esquemas
que cada adiestrador debe generar en el cachorro ante el
trabajo no son los mismos y deben ser determinados según
vaya a ser el trabajo posterior del perro. Cada
adiestrador debe reflexionar sobre su forma de trabajar al
adulto y determinar en base a esto el trabajo del
cachorro. Cualquier sistema (mínimamente coherente) puede
facilitarse con trabajo del cachorro. Existe la idea
generalizada de que el trabajo del cachorro está limitado
a juego y sistemas positivos. Esto no es cierto, sistemas
severos pero lógicos pueden ser esquematizados por el
cachorro, eso sí, sin castigos o estímulos negativos
fuertes (aunque el sistema luego los aplique al perro
adulto).
Como es
imposible cubrir todos los posibles sistemas de trabajo de
cada adiestrador y de cada especialidad del adiestramiento
(rescate, R.C.I., ring francés, agility...) este módulo va
a centrarse en el sistema de trabajo del cachorro de C&R
EDUCAN, sistema que ha mostrado su eficacia y versatilidad
haciendo funcionales perros de diversas razas (Labrador
Retriever, Pastor Alemán, Golden Retriever, Schnauzer,
Boxer) para diferentes usos (R.C.I., asistencia a
discapacitados, truferos...).
IMPORTANCIA DE LA MADRE Y LA CAMADA. EVOLUCIÓN NATURAL DEL
CACHORRO
Las relaciones
del cachorro con su madre y hermanos son fundamentales en
el desarrollo posterior del perro pues aunque los esquemas
sociales y de relación son en gran parte innatos requieren
moldeo, ensayo y experiencias para madurar en un sentido o
en otro. Por ello, pese a que la madre y el padre
comparten al 50% el aporte genético a la camada, es más
importante una buena madre que un buen padre pues la
evolución social de los cachorros depende más de ella.
Una madre
equilibrada y estable facilita al cachorro claves claras
para el aprendizaje de normas sociales, correcciones
adecuadas para facilitar la correcta jerarquización del
cachorro y una vigilancia efectiva de sus acciones sin
cortar sus avances exploratorios. La política de
seleccionar sólo al padre de la camada no dando
importancia a la madre es completamente incorrecta si
tenemos en cuenta que la primera relación social fuerte y
modélica para el cachorro es su madre.
Cuando la
madre va disminuyendo su atención sobre los cachorros
éstos enfocan su vida social hacia sus hermanos. Estas
relaciones entre la camada son el fundamento de las
relaciones sociales posteriores y de la capacidad de
integración en la estructura social natural del perro, la
manada. Un cachorro separado demasiado pronto de sus
hermanos puede tener anomalías en sus relaciones sociales.
La mejor forma de tener un cachorro adecuado es retirarlo
a partir de la octava semana de la madre pero habiendo
cuidado que haya tenido contacto con seres humanos desde
finales de la tercera semana de vida.
Para el
adiestrador es importante observar cómo actúa la madre con
los cachorros y éstos entre sí pues da una imagen bastante
concreta de cómo actuar con un cachorro. Se ve en estas
relaciones que cuando el cachorro se pone pesado o intenta
acciones ilícitas la madre le corrige. También entre
cachorros se da este tipo de acciones, recordemos que el
mordisco suave que el perro emplea para jugar se aprende
con la camada. El perro inicialmente muerde sin control
pero si el mordisco es muy fuerte, o la madre le da un
golpe con el hocico o los hermanos dejan de jugar (según
muerda a una u otros).
Por ello vemos
que desde el principio en la formación del cachorro
aparecen el castigo y el castigo por supresión. El
cachorro puede entender castigos adecuados cuando se
refieren a los comportamientos preprogramados en el perro.
Por ejemplo se puede castigar a un cachorro que nos
intente quitar de las manos un bocadillo pero no a aquel
que se sube a una mesa y tira un jarrón. Es natural que el
dominante (o su madre) no le permitan al cachorro
"robarle" su comida y el castigo (adecuado) refuerza el
concepto de jerarquía del cachorro. En cambio es
antinatural que la madre corte la iniciativa exploratoria
necesaria en el cachorro para recabar datos de su entorno,
todo lo más si entiende que el cachorro se excede lo
llevará sin reprenderle a un lugar seguro. Nosotros
deberíamos actuar de modo equivalente.
FASES DEL
CACHORRO
1
Pese a que el
proceso de desarrollo del cachorro es continuo y gradual
podemos distinguir varias fases, siempre teniendo en
cuenta lo anterior.
1.-
Fase Neonatal:
Catorce primeros días de vida. El cachorro pasa
prácticamente todo el tiempo durmiendo, el resto lo
dedica a alimentarse. Defeca y micciona como reflejo de
la estimulación lingual de la madre.
Se ha
demostrado que es importante manipular al cachorro en esta
fase. Las ventajas de esta manipulación son:
-
Maduración
del sistema nervioso más rápido: abren los ojos antes,
el crecimiento es más rápido y muestran mayor precocidad
en la coordinación del movimiento.
-
De adultos
tienen un mayor instinto de exploración.
Estas
características, importantes en el perro de utilidad,
deben ser tenidas en cuenta y primarse un cachorro
manipulado frente a otro que no lo haya sido. Así mismo
debemos recomendar siempre la manipulación a cualquier
criador de perros.
2.-
Fase de Transición:
Tercera semana de vida.
-
Se inicia la
actividad de exploración.
-
Primeras
conductas de juego.
-
Se inicia la
defecación y micción autónomos de la madre.
3.- Fase
de socialización: De la cuarta a la duodécima
semana de vida.
-
Aumento de
la conducta de exploración.
-
A las seis
semanas aparecen las primeras pautas de relación social.
-
En juego
aparecen conductas adultas: caza, monta...
-
Aprende a
aceptar a otros perros, personas u otros animales que
conozca.
Durante esta
fase, de la quinta a la octava semana, aparece el
“imprinting” o impronta, que es el espacio de tiempo que
transcurre entre el inicio de la madurez sensorial y la
madurez de las estructuras nerviosas que controlan la
respuesta de miedo frente a situaciones nuevas.
Es la fase más
importante para la evolución de la conducta del perro.
4.-
Fase Juvenil: Desde la
decimotercera semana hasta la madurez sexual.
Aumenta la
capacidad motora y las conductas que estaban limitadas por
ella. Entrenamiento de conductas adultas; moldeo y
fijación progresivos del carácter adulto.
Es importante
recordar que el inicio y final de cada fase son variables
según la raza y el individuo.
CRITERIOS DE SELECCIÓN DEL CACHORRO
Por supuesto
la selección de un cachorro para un programa de
adiestramiento depende en gran medida de ese programa, de
los sistemas que va a aplicar el adiestrador y, en última
instancia, del gusto de éste.
Lo que aquí
pretendemos es dar una norma general para la selección de
un cachorro apto para trabajar, la raza y la selección de
características específicas para cada programa es tarea
del adiestrador especialista.
La primera
norma de selección es conocer las cualidades naturales de
los padres y si es posible de su línea de sangre. Esto se
puede hacer difícil si un carácter mediocre se enmascara
con un adiestramiento brillante. Puede ser más real ver la
trascendencia reproductora en su raza (porcentaje de
individuos aptos en la progenie).
Como segundo
paso evaluaremos la calidad de la madre: grado de atención
a los cachorros, estabilidad del carácter... Es
conveniente evitar perros que vengan de madres
sobreprotectoras o indiferentes con la camada, recordemos
que factores como la integración social o la autonomía del
perro dependen en gran medida de la relación con la madre.
Es también
conveniente que la camada tenga al menos dos cachorros
para que interactúen y modelen pautas sociales entre
ellos.
Por supuesto
camadas que no hayan tenido contacto continuado con
humanos durante la fase de impronta no deben ser
seleccionadas.
La importancia
de la madre y la camada hacen inconveniente retirar el
cachorro antes de la octava semana, siendo ideal retirarlo
a partir de la décima. Retirar al cachorro antes implica
la necesidad por nuestra parte de ejercer más de “madre”
con los cachorros. Esto debe evitarse en lo posible pues
por buena que sea nuestra actuación como madre carecerá de
la naturalidad y los matices sutiles de la auténtica
progenitora. Es algo similar a lo que ocurre cuando nos
expresamos en otro idioma conocido pero no materno;
debemos pensar en nuestro idioma y traducirlo. La fluidez
y los matices suelen perderse. Al "traducir" nuestros
mensajes a idioma perro pasa lo mismo.
En la camada
buscaremos cachorros que se integren en los juegos comunes
y que busquen la interacción con sus hermanos, madre y
criadores humanos. También es importante ver que ante
acontecimientos nuevos muestran autonomía e interés por
explorar (por ejemplo al entrar nosotros en su habitación
se acercan a vernos).
Es importante
diferenciar autonomía de independencia, el perro
independiente es inadecuado para el trabajo por su
incapacidad para formar equipo con su adiestrador. Es
curioso ver como muchos adiestradores eligen cachorros
independientes creyendo equivocadamente que eligen perros
fuertes, dominantes y seguros de sí mismo. Este error nace
de una incorrecta evaluación de los síntomas de
independencia. Cachorros que rechazan gruñendo el contacto
con sus hermanos, que al ser manipulados gruñen, que
tienden a enfrascarse en juegos o actividades
autosatisfactorias pueden parecer de fuerte carácter;
adecuados para algunos programas de adiestramiento, pero
realmente está mostrando una incapacidad social que los
hace poco aptos para el trabajo.
Para
diferenciar entre la deseable autonomía y la independencia
podemos esquematizar así:
| |
|
Autonomía |
Independencia |
-
-
Busca jugar con la camada y
criadores.
|
-
-
Juega él solo y le molesta
ser interrumpido por hermanos o criadores.
|
-
-
Ante una novedad se acerca
a explorar normalmente seguido de sus hermanos.
|
-
-
Tiende a ignorar las
novedades. Si decide explorar abandona la
exploración o se enfada si van sus hermanos.
|
-
-
Le gustan las caricias y la
aproximación a gente nueva.
|
-
-
Rechaza el contacto con
gente nueva y sólo lo acepta (a veces ni eso) de
sus criadores sin buscarlo él.
|
-
-
Acepta las correcciones de
la madre sin miedo.
|
-
-
Gruñe y se enfurruña cuando
la madre le corrige.
|
-
-
Después de una exploración
vuelve contento con sus hermanos.
|
-
-
Después de una exploración
no busca el contacto con el resto de la camada.
|
-
-
Ante una caída o mala
experiencia leve durante la exploración se
asusta un poco y luego actúa normalmente.
|
-
-
Ante una caída o mala
experiencia leve gruñe o ladra enfadado al
objeto "culpable" a veces dando vueltas sobre sí
mismo.
|
-
-
Ante una experiencia
gravemente negativa se refugia en su madre o con
sus hermanos.
|
-
-
Ante una experiencia
gravemente negativa se refugia en un rincón e
incluso gruñe a sus hermanos si se acercan a
curiosear.
|
|
|
Otra característica
fundamental en todo proceso de adiestramiento es la
elasticidad
2
o capacidad del perro de
regresar a su estado anterior de equilibrio tras una
experiencia que le haya afectado negativamente.
No se debe
confundir la elasticidad con la dureza que se refiere a la
intensidad que debe alcanzar un estímulo negativo para
afectar al perro.
Así podemos
tener perros con poca dureza (con gritarles se sienten
castigados) pero mucha elasticidad (aunque le castigues 50
veces en una clase el perro vuelve a estar contento e
implicado en el trabajo) y, por el contrario, podemos
tener un perro muy duro que no se siente castigado si no
le damos un fuerte tirón con un collar de púas, pero que
tras un solo castigo se muestra sumiso y asustado el resto
de la clase (poca elasticidad).
Así como el
grado de dureza depende del gusto personal del
adiestrador, la conveniencia de perros con mucha
elasticidad es común a todas las variedades del
adiestramiento tanto por la posibilidad de recuperación de
errores de adiestramiento como por la vuelta fácil al
trabajo concentrado tras haber sido castigado. Cuando un
perro se "estropea" tras una sola corrección inadecuada en
un ejercicio conocido o es incapaz de obedecer con alegría
una vez ha aparecido algún castigo estamos ante ejemplares
de poca elasticidad.
La forma
natural de evaluar la elasticidad de un perro es observar
cuando en la camada es pisado casualmente por la madre,
recibe una corrección o se cae y se hace daño cuanto
tiempo tarda en recuperarse y volver a estar alegre y
activo, cuanto menos tiempo más elasticidad.
Como muchas
veces no es posible una observación continua de la camada,
una buena forma de testarlo es jugar con el cachorro largo
rato y ocasionalmente, sin cambiar nuestra actitud de
juego, darle un empujón fuerte o molestarle de alguna
forma (sin brutalizar). El perro se sorprenderá y cortará
el juego, cuanto menos tarde en volver a jugar normalmente
mejor elasticidad tendrá; si abandona el juego su
capacidad de recuperación es insuficiente para cubrir las
necesidades de un adiestramiento avanzado. Aquí la
sensibilidad del adiestrador es vital pues un empujón
brutal es lógico que haga al perro perder las ganas de
jugar y le cause problemas posteriores. También hay que
tener en cuenta que un perro que no se muestra afectado en
absoluto no está demostrando su elasticidad sino su
dureza. La elasticidad sólo se evalúa a partir de que un
estímulo ha afectado al perro.
En nuestro
criterio los perros más cómodos de trabajar son los que
tienen un grado de dureza media y cuanto más elasticidad
mejor. Los perros muy duros son incómodos de corregir y es
difícil y agotador conseguir una concentración óptima en
el trabajo, además, curiosamente, la experiencia nos
muestra que suelen ser perros con poca elasticidad. Por el
contrario los perros con muy poca dureza (sensibles)
reciben como importantes estímulos secundarios y requieren
un “ajuste fino” continuo. Típico ejemplo es el de un
perro que ya trabaja y varía su posición de JUNTO porque
usamos un abrigo que le roza mínimamente. Estos perros
requieren un grado enorme de atención por parte del guía y
una planificación del adiestramiento exquisita. Por el
contrario esa receptividad al ajuste fino permite trabajos
de mucha precisión y calidad.
Como última
acotación respecto a la selección del cachorro es
comprobar la buena salud del individuo seleccionado, con
especial importancia a la sordera que en muchos casos hace
pensar en un cachorro seguro de sí mismo en vez de darnos
cuenta de la tara. Esto pasa por criterios de selección
particulares de algunos adiestradores, por ejemplo conozco
a un buen adiestrador que seleccionó a un perro sordo
porque al dejar caer una cazuela cerca de la camada fue el
único que no sólo no se asustó sino que fue a explorar el
cacharro. Por tanto no olvidemos testar la sordera; para
esto basta coger cada cachorro individualmente y dar
fuertes palmadas cuando no mira, si se vuelve percibe el
sonido. Este sonido de prueba no debe ser hecho golpeando
el suelo con el pie o dejando caer objetos pues el perro
podría percibir la vibración del suelo y no el sonido.
Finalmente no hacer sonidos que sean intimidatorios para
el cachorro, si no es sordo podemos causarle una
experiencia traumática.
EL TRABAJO GENERAL CON EL CACHORRO
Importancia de la aplicación de pautas naturales a la
convivencia
Cuando el
cachorro llega a casa con unas 10 semanas debemos
facilitar su adaptación a ésta y considerarnos
continuadores lógicos del trabajo de la madre. Primero
debemos dedicar unos días a tener contacto con el cachorro
para ganarnos su aceptación recordemos que para poder ser
dominantes con un perro éste antes debe incluirnos en su
grupo social, no se puede ser dominante con un elemento
ajeno a este grupo. Una vez que el perro muestra afecto
por nosotros buscando nuestro contacto y alegrándose de
nuestra presencia podemos empezar a establecernos como su
guía no sólo en la pista sino en general.
Para ello
debemos recordar que tan recomendable es corregir al
cachorro cuando no respeta los límites sociales como
equivocado castigarle por no aprender acciones concretas
(sentarse, andar al paso, etc.) con la posible excepción
del FUERA, muy arraigado en pautas naturales. Los castigos
directos deben ser inteligibles por el cachorro y
aplicados con una intensidad que no inhiba el aprendizaje
por la aparición de estrés.
Castigos
inteligibles son aquellos equivalentes a los de la madre:
coger del pellejo y zamarrear ligeramente, dar un empujón
brusco con la mano... En modo alguno golpes dolorosos ni
tirones de correa o collar. En esta etapa es
particularmente importante evitar los castigos indirectos
o sorprendentes por parte del dueño, pues aunque en la
naturaleza aparecen (y lo harán para nuestro cachorro) es
muy difícil para nosotros realizarlos adecuadamente. Estos
castigos reducen la capacidad exploratoria del cachorro y
su confianza en sí mismo.
Si el cachorro
explora sitios prohibidos o potencialmente peligrosos
debemos cogerlo (sin castigarle) y llevarle a la zona
donde hayamos determinado que puede estar.
Aquí es
importante aplicar el sentido común para entender el
término “peligroso”, si no podemos caer en una
sobreprotección que también mermará las capacidades del
cachorro. El castigo indirecto que es resultado de sus
acciones con el entorno es necesario para la formación
correcta del cachorro y sólo debemos apartarle de peligros
reales. Por ejemplo si el cachorro explora una caja de
cartón y le cae encima asustándole no es (normalmente) un
problema, así como si al investigar una escalera se cae,
sin embargo si el perro se empina a un sitio donde puede
caerle encima agua hirviendo u objetos de peso debemos
recogerlo y evitarle esa experiencia.
Explorar su entorno
El perro debe
explorar su entorno bajo una tutela coherente por parte
del dueño que evite los extremos: dejarle a su aire pase
lo que pase o sobreprotegerle de forma que el cachorro no
sufra ninguna mala experiencia.
En este
aspecto más que en otros debemos seguir la norma de no dar
mucha importancia de cara al perro a lo que le pase, así
si el cachorro cae no iremos a consolarle y mimarle ni
tampoco nos desharemos en elogios si supera alguna
dificultad (abre una puerta, consigue escapar del parque
de cachorros). Estas muestras exageradas merman la
autonomía del perro y desvirtúan el objeto de sus
exploraciones. Debemos recordar que si cae, su caída le
castigará en el grado que él perciba mientras que al darle
nosotros importancia podemos hacer que para el perro
terminen teniéndola cosas que se hubieran superado con
facilidad; por el contrario sus avances satisfacen su
instinto exploratorio, igualmente en el grado que perciba
el perro, así podemos estar felicitando al perro mucho por
algo que aunque no nos demos cuenta le ha resultado fácil
y, lo que es peor, sustituiremos el placer de explorar
(base de la autonomía y posterior autoconfianza del perro)
por el de agradar a un superior, con resultados nocivos en
autonomía, de lo que pueden resultar perros dependientes e
inseguros.
Esta autonomía
de la primera infancia no debe confundirse con
independencia y debemos mentalizar al cachorro para que
trabaje en equipo con nosotros, pero la mejor base para
esto es que el perro confíe en nuestra tutela y busque
nuestro contacto, además al darle la comida y manipularlo
vinculamos fuertemente el perro a nosotros.
Jugar con el
cachorro de cuando en cuando, darle afecto, seguridad en
sí mismo y en nosotros y castigos jerárquicos correctos
son la base para empezar cualquier proceso de
adiestramiento.
Debemos
recordar siempre que en cachorros es más importante una
convivencia correcta con nosotros que un medido trabajo en
pista.
Para ayudar a
llevar a buen puerto la educación e integración del
cachorro existen una serie de pautas que, correctamente
aplicadas, nos ayudarán notablemente a conseguir un fuerte
vínculo con el cachorro de tal naturaleza que nos asuma
como guías y le encamine a la obediencia real y confiada
sin afectar en absoluto la nueva relación.
SOCIALIZACIÓN
Es sumamente
importante darle al cachorro la opción de conocer
diferentes ambientes, (ciudad, campo, interiores...)
diferentes personas, jugar con niños, conocer otros
perros, otros animales... En general cuanto más podamos
sacarle a sitios nuevos y más experiencias reciba mejor,
pues le ayudaremos a evitar sobrecargas de información
conflictivas que frecuentemente aparecen en perros criados
en perrera al salir a sitios concurridos. Por supuesto la
exposición a estos estímulos debe ser medida y gradual.
Este proceso de socialización es fundamental en el
cachorro de hasta catorce semanas de vida pero no debería
descuidarse después, siendo ideal continuarlo toda la vida
del perro.
LIDERAZGO
A partir de
que el cachorro ya tiene un vínculo con nosotros tras unos
días (nos sigue, nos recibe con alegría y juega con
nosotros) debemos dejarle claro que somos dominantes sobre
él, esto es no sólo bueno sino necesario por dos razones
principales; que es lo que de forma natural pasaría en la
camada y que haciéndolo en el momento en que no es
necesario entrar en conflictos disminuiremos en gran
medida el riesgo posterior de enfrentamientos con el perro
y de intentos de éste de alcanzar la posición dominante.
Para asumir el
liderazgo con un cachorro lo más importante es recordar lo
que no hay que hacer.
No
hay que hacer:
-
Castigarle
con el collar o correa
-
Castigarle
por no aprender acciones
-
Castigarle
progresivamente
-
Ser
inconsistente en el castigo
-
Causarle
dolor físico
-
Causarle un
shock emocional (golpearle con periódicos, exageración
de gritos...)
-
Darle mucha
importancia a su mal comportamiento
-
Mantener una
actitud enfadada con el cachorro tras el castigo
-
Castigarle
por hechos pasados
-
Aplicarle
castigos incomprensibles
-
Castigarle
para que aprenda a hacer sus necesidades
Hay una serie
de acciones y trabajos equivalentes a los naturales que
conseguirán crear un sano liderazgo sin atemorizar al
perro ni mermar su autonomía:
Ponernos a
comer en una mesita baja algo apetitoso para el perro,
cuando éste se acerque intentando “robar” un bocado le
empujaremos sin decirle “no” ni prestarle atención luego
(seguimos atentos a nuestra comida), si vuelve a insistir
repetimos hasta que no moleste. Al terminar de comer no
debemos ir a buscarle para acariciarle le ignoramos salvo
que él se nos acerque, en cuyo caso jugaremos con él. Esta
es la forma de los adultos de tratar a los cachorros en la
mayoría de los cánidos salvajes cuando hay comida por
medio y es la mejor y más natural para castigar al perro
por acercarse a coger comida para que el cachorro asuma un
liderazgo sano (exento de tiranía).
Nada es
gratis,
pedirle que ejecute algún ejercicio antes de conseguir
algo; particularmente el tumbado y quieto delante de la
comida.
Pondremos al
perro de comer después de comer nosotros.
Enseñar al
cachorro la orden FUERA que indica que se aleje de
nosotros y nos deje tranquilos. Para ello en situaciones
en que es lícito echar al sumiso (con comida, cuando
insiste en jugar con nosotros o estamos descansando en
nuestro lugar favorito) le empujaremos y le diremos en
tono serio FUERA, siendo también factible echarle
asiéndolo de la piel y alejándolo de nosotros bruscamente.
No debemos hacerlo siempre que entre en esas situaciones
sino sólo a veces (excepto con la comida) pues es la
conducta que aparece en cánidos salvajes. Los
reduccionismos conductistas postulan que esta conducta
induce a la neurosis pues por la misma acción a veces el
perro es castigado y a veces no, esto es real en acciones
puramente producto del aprendizaje pero en las pautas
preprogramadas del perro (instintos) no necesariamente es
así. De hecho este tipo de acción refuerza positivamente
la relación jerárquica aumentando el afecto del perro por
su guía. Al fin y al cabo es exactamente lo que le pasa al
cachorro en la manada cuando va a jugar con adultos, a
veces juegan con él y a veces están cansados o atentos a
otra cosa y le echan. Y si lo pensamos bien no es tan
diferente de lo que hacen la mayoría de los padres con sus
hijos.
En las
relaciones sociales usar un sistema binario puro
BUENO-MALO es irrazonable y difícilmente mantenible de
forma continuada por nuestra parte (cambios de humor, días
que uno llega cansado o con problemas). El perro debe
entender desde el principio que, como en la naturaleza, el
dominante puede conceder o no su atención al sumiso, en
realidad esto aumenta las expectativas del perro y le hace
valiosa la atención que le prestamos.
-
Debemos ser
nosotros quienes iniciemos y terminemos los juegos de
“peleas” con el cachorro, él no debe exigirnos jugar a
base de ponerse pesado, si lo hace le daremos un empujón
o zamarrearemos del pellejo y le indicaremos FUERA. Para
terminar igualmente pararemos nosotros y le indicaremos
VALE o BASTA, si insiste actuaremos como se ha dicho
anteriormente.
MANIPULACIÓN
Es necesario
acostumbrar al perro a aceptar la manipulación por parte
de su guía. Esto es fácil pues es natural que la madre
coja y maneje a los cachorros con la boca. Debemos
conseguir que el perro acepte ser manipulado toda la vida
sin asociarlo siempre a castigo o siempre a recompensa
pues muchos programas de adiestramiento requieren “mover”
al perro con las manos para explicarle determinadas
acciones. Si el perro entiende la manipulación como juego
se excitará y perderá la concentración, posiblemente
“rompiendo” el ejercicio. Por contra si cree que la
manipulación es un castigo se pondrá sumiso y aprenderá el
ejercicio con connotaciones negativas y bajo un estrés que
afectará la relación con el trabajo por el contexto
emocional.
En los lobos
el contacto físico tiene también diferentes significados,
positivos: juego, preludio sexual o inducción de
tranquilidad con la madre; o negativos: dominancia,
conflictos por recursos, etc.
Nuestro perro
debe entender tres tipos de manipulación diferentes: el
castigo jerárquico zamarreándole, el juego y la
manipulación como guía que debe basarse en la inducción de
tranquilidad por parte de la madre; para conseguir esto
debemos acariciar al perro en cara, orejas, patas, cuello,
etc. hasta que no existan signos de intranquilidad o
resistencia. Un buen ejercicio es sujetarle suavemente del
pecho y grupa en posición de sentado delante de su comida
hasta que esté tranquilo, cuando acepte las manos le
dejaremos ir a comer.
Un perro que
acepta y busca el contacto con su guía es más cómodo de
adiestrar y más fácil de guiar que uno remiso y precavido
que puede malinterpretar con facilidad tropezones
ocasionales con el guía.
ENSEÑANZA DEL “NO”
El comando NO
debe significar para el perro “eso que estas haciendo es
incorrecto”. Según el tono que le demos variará desde ser
informativo para el perro hasta ser una prohibición con
efecto de castigo jerárquico, por ello su enseñanza
correcta es tan importante como difícil. Es importante
pues nos servirá toda la vida del perro no sólo para el
adiestramiento sino en la convivencia diaria.
La dificultad
de enseñar el NO viene por ser el primer comando que está
fuera de las pautas naturales del perro (el FUERA es
equivalente al gruñido del adulto molestado). En la
manada, la dominancia, especialmente en lo referido a
acceso a recursos (comida, agua, sitios, para dormir...)
se ejerce en distancias pequeñas entre los individuos
(distancia crítica). No es lícito para un dominante
prohibir a un sumiso comer un trozo de carne a 50 metros
de él, sólo se hace cuando ambos están cerca de la carne.
Por tanto
cuando nuestro perro en un paseo encuentra basura o cuando
“roba” de la mesa que hemos dejado sola, está actuando
legalmente y sin menoscabo de nuestra autoridad. Aun así,
todos vemos la necesidad de poder prohibirle actuar
incorrectamente a distancia.
Quitando
problemas concretos que puedan ser solucionados con
castigo indirecto asociado a la situación (rechazo de
alimentos, por ejemplo) la enseñanza del NO es fundamental
para la tenencia de un perro. Aquí sí puede aparecer la
correa fijada a un collar de cuero. Cuando el perro cometa
una acción ilícita le daremos un tirón seco que sorprenda
al cachorro y detenga dicha acción, si la acción se
produce en casa o yendo sin correa la corrección adecuada
es un golpe seco que sorprenda al perro en el hocico, este
golpe no debe ser doloroso para el cachorro.
Lo más
importante durante la enseñanza primera del NO es cortar
la acción ilícita por la sorpresa y brusquedad de la
corrección asociada al comando. No debemos enfadarnos ni
zamarrear al perro del pellejo para la primera enseñanza
del NO pues daríamos al comando un significado de
exclusivamente de castigo, limitando la posibilidad de
usarlo para informar al perro de que ha hecho una elección
incorrecta.
Además por sus
características de pauta no del todo natural podría
resultar en que el perro se sintiera tiranizado (el
equivalente sería que nuestro jefe nos llamara a casa en
Domingo para exigirnos que hiciéramos algún trabajo,
probablemente lo haríamos para no perder el empleo pero
nuestra relación con el jefe empeoraría notablemente y nos
sentiríamos explotados).
Por supuesto
cuando el perro abandona la acción está sorprendido y
dudando si asustarse, es el momento de, sin que se dé
cuenta, desviar su atención hacia otra cosa. Así se evita
que aparezca miedo y que vuelva a actuar como no queremos.
Cuando el perro ya entiende que el comando NO significa
cesar en la acción que está realizando, sí podemos y
debemos usar pautas dominantes asociadas al comando para
que aprenda su uso coercitivo. Esto es, podemos en esta
segunda fase zamarrearlo del pellejo o darle un empujón
brusco. Siempre se enseñará el uso del NO como castigo
jerárquico y prohibición en segundo lugar para evitar
estados emocionales negativos asociados al comando que
interfieran en su uso informativo.
Siempre
recordar la norma de primero enseñar luego ordenar. No se
puede exigir al perro obediencia en algo que no comprende
todavía. Solo se aplican pautas dominantes directamente en
conductas instintivas y por tanto preprogramadas en el
perro. La mala enseñanza del NO aunque aparentemente no
tenga secuelas, es la primera piedra de la tiranización de
un perro y de adiestramientos posteriores con continuas
actitudes sumisas y de falta de confianza en el guía. No
es lo mismo ser el “jefe” de un perro, lo que es fácil,
que ser un buen “jefe” para un perro.
ENTRENAMIENTO DE JAULA
Es importante
enseñar lo antes posible al cachorro a permanecer
tranquilo y relajado dentro de una jaula.
La permanencia
en jaulas del tipo que es usado para el transporte aéreo
de perros no es, como pueda parecer, cruel e inhumano. Si
el perro ha sido correctamente habituado a ella, la verá
como un lugar privado y, dada la ausencia de estímulos,
una cámara de relajación. El entrenamiento de jaula,
además de la facilidad para el transporte del animal,
ayuda a prevenir la ansiedad por separación, nos permite
ofrecerle un sitio tranquilo y familiar cuando viajamos;
permitiéndonos así llevarlo a más sitios con nosotros (por
ejemplo, es más fácil acceder a hoteles si el perro
permanece en la jaula cuando esté solo) y disminuyendo la
ansiedad que aparece en los perros al llegar a sitios
nuevos.
Para el
adiestramiento general del cachorro la jaula tiene dos
importantes usos; en trabajos de “time out” y un uso que
puede parecer poco importante pero que resulta básico a la
hora de no estropear la relación con el perro; tener un
lugar donde aislar al perro si éste se muestra muy pesado
o si nuestro humor hace previsible que nos vayamos a
enfadar con él con facilidad o por nimiedades. También
permite aislarlo de visitas que tengan miedo o rechazo a
los perros sin resultar coercitivo. Poder evitar al perro
castigos exagerados o caprichosos no debe en ningún
momento ser considerado secundario en un programa serio de
adiestramiento.
Para habituar
al perro a la jaula podemos darle de comer en ella
quitando la puerta o dejándola abierta y ofreciéndole en
ella un sitio cómodo donde dormir (por ejemplo poniendo
una colchoneta), lo ideal es que el perro entienda la
jaula como su habitación privada donde puede retirarse a
descansar. Si muestra mucha aprensión a entrar podemos
colocar sólo media jaula (este tipo de jaula consiste en
dos “conchas” plásticas simétricas montada una sobre la
otra, para ofrecerle media jaula basta con desmontar la
parte de arriba) a modo de cama.
Aun cuando
hayamos conseguido que el perro duerma en la jaula y la
vea como algo positivo es normal que las primeras veces
que cerremos la puerta llore e intente salir. Esto no debe
preocuparnos, el protocolo a seguir es dejarle salir
cuando cesa de llorar, nunca cuando gimotea, si el perro
no deja de llorar podemos hacer un ruido que le llame la
atención y cuando se calle brevemente para atender al
sonido abrimos la jaula.
En cachorros
un sistema ideal es agotarles físicamente antes del
confinamiento para que se duerman, por cansancio,
enseguida. Es inadecuado meter al cachorro las primeras
veces en la jaula cuando está fresco y con necesidad de
actividad.
Por último
decir que un perro, especialmente un cachorro, no debe
permanecer más de 4 ó 5 horas seguidas en una jaula y que
la jaula no debe ser usada para malatender las necesidades
de ejercicio, contacto social y juego del cachorro. El
abuso de la jaula, aparte de éticamente discutible, nos
puede dar perros hiperactivos al salir, mala relación con
el cachorro y patologías del comportamiento. Recordemos
que parte básica de una crianza sana es llevar al perro a
variedad de ambientes ricos en estímulos.
NECESIDAD DE EJERCICIO
El cachorro
dependiendo de su raza y su naturaleza tendrá una
necesidad diaria de ejercicio, cubrirla ayuda al buen
desarrollo del cachorro teniendo en cuenta que jugar con
otros perros y con nosotros además le ayuda a mejorar su
coordinación, equilibrio y destrezas motoras.
Un cachorro ha
hecho ejercicio suficiente si al volver del paseo se tumba
a dormir, si durante el paseo se acuesta o para jadeante
su andar estamos sobreejercitándole,
esto es inconveniente en especial en razas grandes.
Los paseos son
un excelente momento para mejorar la vinculación
intersubjetiva con el guía y ayudan a disminuir las
conductas destructivas.
Todo lo visto
anteriormente constituirá la base de nuestra relación
posterior con el perro y las respuestas de éste ante el
adiestramiento. El tiempo empleado en generar una relación
sana y de confianza en ésta etapa es una inversión de
futuro que permitirá al perro avanzar más rápido y seguro
en su adiestramiento. Construiremos una base sólida que
cimentará todo el trabajo posterior evitando la aparición
de conflictos indeseados entre perro y guía.
1
Modificado de X. Manteca “Etología Clínica Veterinaria
del Perro y del Gato” Ed. Multimédica 1996.
2
El concepto de elasticidad de este manual es
equivalente a la “resilencia” en física: la capacidad
de recuperación de un material tras haber estado
sometido a presión. Como el término “resilencia” no es
de uso común y el objeto de este libro es la práctica
hemos optado por usar “elasticidad”: capacidad de los
cuerpos de recobrar la extensión y forma cuando cesa
la acción que los deformaba. Este concepto es menos
exacto pero más fácilmente inteligible y resulta muy
gráfico.
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