El cachorro, generalidades y formación

 
  Extraído, con permiso del autor, del libro Adiestramiento Canino Cognitivo-Emocional  
     
   
 
Carlos A. López García
Editorial Díaz de Santos
 
 

La etapa infantil de cualquier especie sirve para variar su comportamiento en base al aprendizaje que durante esta etapa produzca su interacción con el entorno. Así pues permite adaptarse al individuo a sus condiciones de vida.

Esta posibilidad de variar la conducta es fundamental para el adiestramiento y desaprovechar esta etapa, la más fértil y moldeable del perro, es limitar los resultados del adiestramiento.

En la infancia el perro no sólo aprende hechos concretos sino, lo que es más importante, aprende a relacionarse con el mundo, aprende esquemas de comportamiento, o sea, normas generales según las cuales juzgará luego lo que le suceda y lo adecuado o no de nuestras acciones con él. Por ejemplo: un perro que ha sido brutalizado al trabajar de cachorro tenderá, aunque cambie de dueño o sitio de trabajo, a mostrar miedo ante la idea de trabajar. Por el contrario, si el perro sólo ha trabajado por premio sin existir autoridad ni eventos negativos puede atemorizarse en extremo si un día aparece en el trabajo un castigo, aunque sea suave, porque para él no encaja en el esquema que se ha creado.

Así pues vemos la importancia de trabajar sobre el cachorro para crear la actitud buscada ante el trabajo, pero los beneficios de trabajar con un cachorro son muchos más, entre ellos: proactividad en el trabajo, facilidad de aprendizaje, rapidez funcional del adiestramiento, adaptación del cachorro al tipo de programa que vamos a entrenar, más tiempo para pulir detalles (pues al llegar al año el perro prácticamente conoce la totalidad del programa de trabajo) y en conjunto una cantidad de ventajas enorme que nos hace plantearnos por qué no todo el mundo inicia el trabajo con cachorros. Existen dos motivos: el riesgo de error, si nos equivocamos en un cachorro los errores suelen ser de más difícil solución y el desconocimiento de las técnicas adecuadas, en muchos casos los conocimientos del adiestrador se limitan a técnicas para enseñar las acciones concretas que desea que ejecute el perro (sentado, al paso...) pero sin saber por qué funcionan, es decir, qué pasa en la cabeza del perro cuando las aplican. Por contra el trabajo del cachorro es más sutil pues busca resultados generales a todo el adiestramiento más que a una sola acción (aunque también se enseñan acciones concretas). Además requiere un mínimo de planificación y coherencia en el trabajo para hacerlo evolucionar.

Los esquemas que cada adiestrador debe generar en el cachorro ante el trabajo no son los mismos y deben ser determinados según vaya a ser el trabajo posterior del perro. Cada adiestrador debe reflexionar sobre su forma de trabajar al adulto y determinar en base a esto el trabajo del cachorro. Cualquier sistema (mínimamente coherente) puede facilitarse con trabajo del cachorro. Existe la idea generalizada de que el trabajo del cachorro está limitado a juego y sistemas positivos. Esto no es cierto, sistemas severos pero lógicos pueden ser esquematizados por el cachorro, eso sí, sin castigos o estímulos negativos fuertes (aunque el sistema luego los aplique al perro adulto).

Como es imposible cubrir todos los posibles sistemas de trabajo de cada adiestrador y de cada especialidad del adiestramiento (rescate, R.C.I., ring francés, agility...) este módulo va a centrarse en el sistema de trabajo del cachorro de C&R EDUCAN, sistema que ha mostrado su eficacia y versatilidad haciendo funcionales perros de diversas razas (Labrador Retriever, Pastor Alemán, Golden Retriever, Schnauzer, Boxer) para diferentes usos (R.C.I., asistencia a discapacitados, truferos...).

IMPORTANCIA DE LA MADRE Y LA CAMADA. EVOLUCIÓN NATURAL DEL CACHORRO

Las relaciones del cachorro con su madre y hermanos son fundamentales en el desarrollo posterior del perro pues aunque los esquemas sociales y de relación son en gran parte innatos requieren moldeo, ensayo y experiencias para madurar en un sentido o en otro. Por ello, pese a que la madre y el padre comparten al 50% el aporte genético a la camada, es más importante una buena madre que un buen padre pues la evolución social de los cachorros depende más de ella.

Una madre equilibrada y estable facilita al cachorro claves claras para el aprendizaje de normas sociales, correcciones adecuadas para facilitar la correcta jerarquización del cachorro y una vigilancia efectiva de sus acciones sin cortar sus avances exploratorios. La política de seleccionar sólo al padre de la camada no dando importancia a la madre es completamente incorrecta si tenemos en cuenta que la primera relación social fuerte y modélica para el cachorro es su madre.

Cuando la madre va disminuyendo su atención sobre los cachorros éstos enfocan su vida social hacia sus hermanos. Estas relaciones entre la camada son el fundamento de las relaciones sociales posteriores y de la capacidad de integración en la estructura social natural del perro, la manada. Un cachorro separado demasiado pronto de sus hermanos puede tener anomalías en sus relaciones sociales. La mejor forma de tener un cachorro adecuado es retirarlo a partir de la octava semana de la madre pero habiendo cuidado que haya tenido contacto con seres humanos desde finales de la tercera semana de vida.

Para el adiestrador es importante observar cómo actúa la madre con los cachorros y éstos entre sí pues da una imagen bastante concreta de cómo actuar con un cachorro. Se ve en estas relaciones que cuando el cachorro se pone pesado o intenta acciones ilícitas la madre le corrige. También entre cachorros se da este tipo de acciones, recordemos que el mordisco suave que el perro emplea para jugar se aprende con la camada. El perro inicialmente muerde sin control pero si el mordisco es muy fuerte, o la madre le da un golpe con el hocico o los hermanos dejan de jugar (según muerda a una u otros).

Por ello vemos que desde el principio en la formación del cachorro aparecen el castigo y el castigo por supresión. El cachorro puede entender castigos adecuados cuando se refieren a los comportamientos preprogramados en el perro. Por ejemplo se puede castigar a un cachorro que nos intente quitar de las manos un bocadillo pero no a aquel que se sube a una mesa y tira un jarrón. Es natural que el dominante (o su madre) no le permitan al cachorro "robarle" su comida y el castigo (adecuado) refuerza el concepto de jerarquía del cachorro. En cambio es antinatural que la madre corte la iniciativa exploratoria necesaria en el cachorro para recabar datos de su entorno, todo lo más si entiende que el cachorro se excede lo llevará sin reprenderle a un lugar seguro. Nosotros deberíamos actuar de modo equivalente.

FASES DEL CACHORRO 1

Pese a que el proceso de desarrollo del cachorro es continuo y gradual podemos distinguir varias fases, siempre teniendo en cuenta lo anterior.

1.- Fase Neonatal: Catorce primeros días de vida. El cachorro pasa prácticamente todo el tiempo durmiendo, el resto lo dedica a alimentarse. Defeca y micciona como reflejo de la estimulación lingual de la madre.

Se ha demostrado que es importante manipular al cachorro en esta fase. Las ventajas de esta manipulación son:

  • Maduración del sistema nervioso más rápido: abren los ojos antes, el crecimiento es más rápido y muestran mayor precocidad en la coordinación del movimiento.

  • De adultos tienen  un mayor instinto de exploración.

Estas características, importantes en el perro de utilidad, deben ser tenidas en cuenta y primarse un cachorro manipulado frente a otro que no lo haya sido. Así mismo debemos recomendar siempre la manipulación a cualquier criador de perros.

2.- Fase de Transición: Tercera semana de vida.

  • Se inicia la actividad de exploración.

  • Primeras conductas de juego.

  • Se inicia la defecación y micción autónomos de la madre.

3.- Fase de socialización: De la cuarta a la duodécima semana de vida.

  • Aumento de la conducta de exploración.

  • A las seis semanas aparecen las primeras pautas de relación social.

  • En juego aparecen conductas adultas: caza, monta...

  • Aprende a aceptar a otros perros, personas u otros animales que conozca.

Durante esta fase, de la quinta a la octava semana, aparece el “imprinting” o impronta, que es el espacio de tiempo que transcurre entre el inicio de la madurez sensorial y la madurez de las estructuras nerviosas que controlan la respuesta de miedo frente a situaciones nuevas.

Es la fase más importante para la evolución de la conducta del perro.

4.- Fase Juvenil: Desde la decimotercera semana hasta la madurez sexual.

Aumenta la capacidad motora y las conductas que estaban limitadas por ella. Entrenamiento de conductas adultas; moldeo y fijación progresivos del carácter adulto.

Es importante recordar que el inicio y final de cada fase son variables según la raza y el individuo.

 

CRITERIOS DE SELECCIÓN DEL CACHORRO

Por supuesto la selección de un cachorro para un programa de adiestramiento depende en gran medida de ese programa, de los sistemas que va a aplicar el adiestrador y, en última instancia, del gusto de éste.

Lo que aquí pretendemos es dar una norma general para la selección de un cachorro apto para trabajar, la raza y la selección de características específicas para cada programa es tarea del adiestrador especialista.

La primera norma de selección es conocer las cualidades naturales de los padres y si es posible de su línea de sangre. Esto se puede hacer difícil si un carácter mediocre se enmascara con un adiestramiento brillante. Puede ser más real ver la trascendencia reproductora en su raza (porcentaje de individuos aptos en la progenie).

Como segundo paso evaluaremos la calidad de la madre: grado de atención a los cachorros, estabilidad del carácter... Es conveniente evitar perros que vengan de madres sobreprotectoras o indiferentes con la camada, recordemos que factores como la integración social o la autonomía del perro dependen en gran medida de la relación con la madre.

Es también conveniente que la camada tenga al menos dos cachorros para que interactúen y modelen pautas sociales entre ellos.

Por supuesto camadas que no hayan tenido contacto continuado con humanos durante la fase de impronta no deben ser seleccionadas.

La importancia de la madre y la camada hacen inconveniente retirar el cachorro antes de la octava semana, siendo ideal retirarlo a partir de la décima. Retirar al cachorro antes implica la necesidad por nuestra parte de ejercer más de “madre” con los cachorros. Esto debe evitarse en lo posible pues por buena que sea nuestra actuación como madre carecerá de la naturalidad y los matices sutiles de la auténtica progenitora. Es algo similar a lo que ocurre cuando nos expresamos en otro idioma conocido pero no materno; debemos pensar en nuestro idioma y traducirlo. La fluidez y los matices suelen perderse. Al "traducir" nuestros mensajes a idioma perro pasa lo mismo.

En la camada buscaremos cachorros que se integren en los juegos comunes y que busquen la interacción con sus hermanos, madre y criadores humanos. También es importante ver que ante acontecimientos nuevos muestran autonomía e interés por explorar (por ejemplo al entrar nosotros en su habitación se acercan a vernos).

Es importante diferenciar autonomía de independencia, el perro independiente es inadecuado para el trabajo por su incapacidad para formar equipo con su adiestrador. Es curioso ver como muchos adiestradores eligen cachorros independientes creyendo equivocadamente que eligen perros fuertes, dominantes y seguros de sí mismo. Este error nace de una incorrecta evaluación de los síntomas de independencia. Cachorros que rechazan gruñendo el contacto con sus hermanos, que al ser manipulados gruñen, que tienden a enfrascarse en juegos o actividades autosatisfactorias pueden parecer de fuerte carácter; adecuados para algunos programas de adiestramiento, pero realmente está mostrando una incapacidad social que los hace poco aptos para el trabajo.

Para diferenciar entre la deseable autonomía y la independencia podemos esquematizar así:

 
Autonomía Independencia
 
Busca jugar con la camada y criadores.
 
Juega él solo y le molesta ser interrumpido por hermanos o criadores.
 
Ante una novedad se acerca a explorar normalmente seguido de sus hermanos.
 
Tiende a ignorar las novedades. Si decide explorar abandona la exploración o se enfada si van sus hermanos.
 
Le gustan las caricias y la aproximación a gente nueva.
 
Rechaza el contacto con gente nueva y sólo lo acepta (a veces ni eso) de sus criadores sin buscarlo él.
 
Acepta las correcciones de la madre sin miedo.
 
Gruñe y se enfurruña cuando la madre le corrige.
 
Después de una exploración vuelve contento con sus hermanos.
 
Después de una exploración no busca el contacto con el resto de la camada.
 
Ante una caída o mala experiencia leve durante la exploración se asusta un poco y luego actúa normalmente.
 
Ante una caída o mala experiencia leve gruñe o ladra enfadado al objeto "culpable" a veces dando vueltas sobre sí mismo.
 
Ante una experiencia gravemente negativa se refugia en su madre o con sus hermanos.
 
Ante una experiencia gravemente negativa se refugia en un rincón e incluso gruñe a sus hermanos si se acercan a curiosear.
 

Otra característica fundamental en todo proceso de adiestramiento es la elasticidad 2 o capacidad del perro de regresar a su estado anterior de equilibrio tras una experiencia que le haya afectado negativamente.

No se debe confundir la elasticidad con la dureza que se refiere a la intensidad que debe alcanzar un estímulo negativo para afectar al perro.

Así podemos tener perros con poca dureza (con gritarles se sienten castigados) pero mucha elasticidad (aunque le castigues 50 veces en una clase el perro vuelve a estar contento e implicado en el trabajo) y, por el contrario, podemos tener un perro muy duro que no se siente castigado si no le damos un fuerte tirón con un collar de púas, pero que tras un solo castigo se muestra sumiso y asustado el resto de la clase (poca elasticidad).

Así como el grado de dureza depende del gusto personal del adiestrador, la conveniencia de perros con mucha elasticidad es común a todas las variedades del adiestramiento tanto por la posibilidad de recuperación de errores de adiestramiento como por la vuelta fácil al trabajo concentrado tras haber sido castigado. Cuando un perro se "estropea" tras una sola corrección inadecuada en un ejercicio conocido o es incapaz de obedecer con alegría una vez ha aparecido algún castigo estamos ante ejemplares de poca elasticidad.

La forma natural de evaluar la elasticidad de un perro es observar cuando en la camada es pisado casualmente por la madre, recibe una corrección o se cae y se hace daño cuanto tiempo tarda en recuperarse y volver a estar alegre y activo, cuanto menos tiempo más elasticidad.

Como muchas veces no es posible una observación continua de la camada, una buena forma de testarlo es jugar con el cachorro largo rato y ocasionalmente, sin cambiar nuestra actitud de juego, darle un empujón fuerte o molestarle de alguna forma (sin brutalizar). El perro se sorprenderá y cortará el juego, cuanto menos tarde en volver a jugar normalmente mejor elasticidad tendrá; si abandona el juego su capacidad de recuperación es insuficiente para cubrir las necesidades de un adiestramiento avanzado. Aquí la sensibilidad del adiestrador es vital pues un empujón brutal es lógico que haga al perro perder las ganas de jugar y le cause problemas posteriores. También hay que tener en cuenta que un perro que no se muestra afectado en absoluto no está demostrando su elasticidad sino su dureza. La elasticidad sólo se evalúa a partir de que un estímulo ha afectado al perro.

En nuestro criterio los perros más cómodos de trabajar son los que tienen un grado de dureza media y cuanto más elasticidad mejor. Los perros muy duros son incómodos de corregir y es difícil y agotador conseguir una concentración óptima en el trabajo, además, curiosamente, la experiencia nos muestra que suelen ser perros con poca elasticidad. Por el contrario los perros con muy poca dureza (sensibles) reciben como importantes estímulos secundarios y requieren un “ajuste fino” continuo. Típico ejemplo es el de un perro que ya trabaja y varía su posición de JUNTO porque usamos un abrigo que le roza mínimamente. Estos perros requieren un grado enorme de atención por parte del guía y una planificación del adiestramiento exquisita. Por el contrario esa receptividad al ajuste fino permite trabajos de mucha precisión y calidad.

Como última acotación respecto a la selección del cachorro es comprobar la buena salud del individuo seleccionado, con especial importancia a la sordera que en muchos casos hace pensar en un cachorro seguro de sí mismo en vez de darnos cuenta de la tara. Esto pasa por criterios de selección particulares de algunos adiestradores, por ejemplo conozco a un buen adiestrador que seleccionó a un perro sordo porque al dejar caer una cazuela cerca de la camada fue el único que no sólo no se asustó sino que fue a explorar el cacharro. Por tanto no olvidemos testar la sordera; para esto basta coger cada cachorro individualmente y dar fuertes palmadas cuando no mira, si se vuelve percibe el sonido. Este sonido de prueba no debe ser hecho golpeando el suelo con el pie o dejando caer objetos pues el perro podría percibir la vibración del suelo y no el sonido. Finalmente no hacer sonidos que sean intimidatorios para el cachorro, si no es sordo podemos causarle una experiencia traumática.

 

EL TRABAJO GENERAL CON EL CACHORRO

Importancia de la aplicación de pautas naturales a la convivencia

Cuando el cachorro llega a casa con unas 10 semanas debemos facilitar su adaptación a ésta y considerarnos continuadores lógicos del trabajo de la madre. Primero debemos dedicar unos días a tener contacto con el cachorro para ganarnos su aceptación recordemos que para poder ser dominantes con un perro éste antes debe incluirnos en su grupo social, no se puede ser dominante con un elemento ajeno a este grupo. Una vez que el perro muestra afecto por nosotros buscando nuestro contacto y alegrándose de nuestra presencia podemos empezar a establecernos como su guía no sólo en la pista sino en general.

Para ello debemos recordar que tan recomendable es corregir al cachorro cuando no respeta los límites sociales como equivocado castigarle por no aprender acciones concretas (sentarse, andar al paso, etc.) con la posible excepción del FUERA, muy arraigado en pautas naturales. Los castigos directos deben ser inteligibles por el cachorro y aplicados con una intensidad que no inhiba el aprendizaje por la aparición de estrés.

Castigos inteligibles son aquellos equivalentes a los de la madre: coger del pellejo y zamarrear ligeramente, dar un empujón brusco con la mano... En modo alguno golpes dolorosos ni tirones de correa o collar. En esta etapa es particularmente importante evitar los castigos indirectos o sorprendentes por parte del dueño, pues aunque en la naturaleza aparecen (y lo harán para nuestro cachorro) es muy difícil para nosotros realizarlos adecuadamente. Estos castigos reducen la capacidad exploratoria del cachorro y su confianza en sí mismo.

Si el cachorro explora sitios prohibidos o potencialmente peligrosos debemos cogerlo (sin castigarle) y llevarle a la zona donde hayamos determinado que puede estar.

Aquí es importante aplicar el sentido común para entender el término “peligroso”, si no podemos caer en una sobreprotección que también mermará las capacidades del cachorro. El castigo indirecto que es resultado de sus acciones con el entorno es necesario para la formación correcta del cachorro y sólo debemos apartarle de peligros reales. Por ejemplo si el cachorro explora una caja de cartón y le cae encima asustándole no es (normalmente) un problema, así como si al investigar una escalera se cae, sin embargo si el perro se empina a un sitio donde puede caerle encima agua hirviendo u objetos de peso debemos recogerlo y evitarle esa experiencia.

Explorar su entorno

El perro debe explorar su entorno bajo una tutela coherente por parte del dueño que evite los extremos: dejarle a su aire pase lo que pase o sobreprotegerle de forma que el cachorro no sufra ninguna mala experiencia.

En este aspecto más que en otros debemos seguir la norma de no dar mucha importancia de cara al perro a lo que le pase, así si el cachorro cae no iremos a consolarle y mimarle ni tampoco nos desharemos en elogios si supera alguna dificultad (abre una puerta, consigue escapar del parque de cachorros). Estas muestras exageradas merman la autonomía del perro y desvirtúan el objeto de sus exploraciones. Debemos recordar que si cae, su caída le castigará en el grado que él perciba mientras que al darle nosotros importancia podemos hacer que para el perro terminen teniéndola cosas que se hubieran superado con facilidad; por el contrario sus avances satisfacen su instinto exploratorio, igualmente en el grado que perciba el perro, así podemos estar felicitando al perro mucho por algo que aunque no nos demos cuenta le ha resultado fácil y, lo que es peor, sustituiremos el placer de explorar (base de la autonomía y posterior autoconfianza del perro) por el de agradar a un superior, con resultados nocivos en autonomía, de lo que pueden resultar perros dependientes e inseguros.

Esta autonomía de la primera infancia no debe confundirse con independencia y debemos mentalizar al cachorro para que trabaje en equipo con nosotros, pero la mejor base para esto es que el perro confíe en nuestra tutela y busque nuestro contacto, además al darle la comida y manipularlo vinculamos fuertemente el perro a nosotros.

Jugar con el cachorro de cuando en cuando, darle afecto, seguridad en sí mismo y en nosotros y castigos jerárquicos correctos son la base para empezar cualquier proceso de adiestramiento.

Debemos recordar siempre que en cachorros es más importante una convivencia correcta con nosotros que un medido trabajo en pista.

Para ayudar a llevar a buen puerto la educación e integración del cachorro existen una serie de pautas que, correctamente aplicadas, nos ayudarán notablemente a conseguir un fuerte vínculo con el cachorro de tal naturaleza que nos asuma como guías y le encamine a la obediencia real y confiada sin afectar en absoluto la nueva relación.

SOCIALIZACIÓN

Es sumamente importante darle al cachorro la opción de conocer diferentes ambientes, (ciudad, campo, interiores...) diferentes personas, jugar con niños, conocer otros perros, otros animales... En general cuanto más podamos sacarle a sitios nuevos y más experiencias reciba mejor, pues le ayudaremos a evitar sobrecargas de información conflictivas que frecuentemente aparecen en perros criados en perrera al salir a sitios concurridos. Por supuesto la exposición a estos estímulos debe ser medida y gradual. Este proceso de socialización es fundamental en el cachorro de hasta catorce semanas de vida pero no debería descuidarse después, siendo ideal continuarlo toda la vida del perro.

LIDERAZGO

A partir de que el cachorro ya tiene un vínculo con nosotros tras unos días (nos sigue, nos recibe con alegría y juega con nosotros) debemos dejarle claro que somos dominantes sobre él, esto es no sólo bueno sino necesario por dos razones principales; que es lo que de forma natural pasaría en la camada y que haciéndolo en el momento en que no es necesario entrar en conflictos disminuiremos en gran medida el riesgo posterior de enfrentamientos con el perro y de intentos de éste de alcanzar la posición dominante.

Para asumir el liderazgo con un cachorro lo más importante es recordar lo que no hay que hacer.

No hay que hacer:

  • Castigarle con el collar o correa

  • Castigarle por no aprender acciones

  • Castigarle progresivamente

  • Ser inconsistente en el castigo

  • Causarle dolor físico

  • Causarle un shock emocional (golpearle con periódicos, exageración de gritos...)

  • Darle mucha importancia a su mal comportamiento

  • Mantener una actitud enfadada con el cachorro tras el castigo

  • Castigarle por hechos pasados

  • Aplicarle castigos incomprensibles

  • Castigarle para que aprenda a hacer sus necesidades

Hay una serie de acciones y trabajos equivalentes a los naturales que conseguirán crear un sano liderazgo sin atemorizar al perro ni mermar su autonomía:

Ponernos a comer en una mesita baja algo apetitoso para el perro, cuando éste se acerque intentando “robar” un bocado le empujaremos sin decirle “no” ni prestarle atención luego (seguimos atentos a nuestra comida), si vuelve a insistir repetimos hasta que no moleste. Al terminar de comer no debemos ir a buscarle para acariciarle le ignoramos salvo que él se nos acerque, en cuyo caso jugaremos con él. Esta es la forma de los adultos de tratar a los cachorros en la mayoría de los cánidos salvajes cuando hay comida por medio y es la mejor y más natural para castigar al perro por acercarse a coger comida para que el cachorro asuma un liderazgo sano (exento de tiranía).

Nada es gratis, pedirle que ejecute algún ejercicio antes de conseguir algo; particularmente el tumbado y quieto delante de la comida.

Pondremos al perro de comer después de comer nosotros.

Enseñar al cachorro la orden FUERA que indica que se aleje de nosotros y nos deje tranquilos. Para ello en situaciones en que es lícito echar al sumiso (con comida, cuando insiste en jugar con nosotros o estamos descansando en nuestro lugar favorito) le empujaremos y le diremos en tono serio FUERA, siendo también factible echarle asiéndolo de la piel y alejándolo de nosotros bruscamente. No debemos hacerlo siempre que entre en esas situaciones sino sólo a veces (excepto con la comida) pues es la conducta que aparece en cánidos salvajes. Los reduccionismos conductistas postulan que esta conducta induce a la neurosis pues por la misma acción a veces el perro es castigado y a veces no, esto es real en acciones puramente producto del aprendizaje pero en las pautas preprogramadas del perro (instintos) no necesariamente es así. De hecho este tipo de acción refuerza positivamente la relación jerárquica aumentando el afecto del perro por su guía. Al fin y al cabo es exactamente lo que le pasa al cachorro en la manada cuando va a jugar con adultos, a veces juegan con él y a veces están cansados o atentos a otra cosa y le echan. Y si lo pensamos bien no es tan diferente de lo que hacen la mayoría de los padres con sus hijos.

En las relaciones sociales usar un sistema binario puro BUENO-MALO es irrazonable y difícilmente mantenible de forma continuada por nuestra parte (cambios de humor, días que uno llega cansado o con problemas). El perro debe entender desde el principio que, como en la naturaleza, el dominante puede conceder o no su atención al sumiso, en realidad esto aumenta las expectativas del perro y le hace valiosa la atención que le prestamos.

  • Debemos ser nosotros quienes iniciemos y terminemos los juegos de “peleas” con el cachorro, él no debe exigirnos jugar a base de ponerse pesado, si lo hace le daremos un empujón o zamarrearemos del pellejo y le indicaremos FUERA. Para terminar igualmente pararemos nosotros y le indicaremos VALE o BASTA, si insiste actuaremos como se ha dicho anteriormente.

 

MANIPULACIÓN

Es necesario acostumbrar al perro a aceptar la manipulación por parte de su guía. Esto es fácil pues es natural que la madre coja y maneje a los cachorros con la boca. Debemos conseguir que el perro acepte ser manipulado toda la vida sin asociarlo siempre a castigo o siempre a recompensa pues muchos programas de adiestramiento requieren “mover” al perro con las manos para explicarle determinadas acciones. Si el perro entiende la manipulación como juego se excitará y perderá la concentración, posiblemente “rompiendo” el ejercicio. Por contra si cree que la manipulación es un castigo se pondrá sumiso y aprenderá el ejercicio con connotaciones negativas y bajo un estrés que afectará la relación con el trabajo por el contexto emocional.

En los lobos el contacto físico tiene también diferentes significados, positivos: juego, preludio sexual o inducción de tranquilidad con la madre; o negativos: dominancia, conflictos por recursos, etc.

Nuestro perro debe entender tres tipos de manipulación diferentes: el castigo jerárquico zamarreándole, el juego y la manipulación como guía que debe basarse en la inducción de tranquilidad por parte de la madre; para conseguir esto debemos acariciar al perro en cara, orejas, patas, cuello, etc. hasta que no existan signos de intranquilidad o resistencia. Un buen ejercicio es sujetarle suavemente del pecho y grupa en posición de sentado delante de su comida hasta que esté tranquilo, cuando acepte las manos le dejaremos ir a comer.

Un perro que acepta y busca el contacto con su guía es más cómodo de adiestrar y más fácil de guiar que uno remiso y precavido que puede malinterpretar con facilidad tropezones ocasionales con el guía.

 

ENSEÑANZA DEL “NO”

El comando NO debe significar para el perro “eso que estas haciendo es incorrecto”. Según el tono que le demos variará desde ser informativo para el perro hasta ser una prohibición con efecto de castigo jerárquico, por ello su enseñanza correcta es tan importante como difícil. Es importante pues nos servirá toda la vida del perro no sólo para el adiestramiento sino en la convivencia diaria.

La dificultad de enseñar el NO viene por ser el primer comando que está fuera de las pautas naturales del perro (el FUERA es equivalente al gruñido del adulto molestado). En la manada, la dominancia, especialmente en lo referido a acceso a recursos (comida, agua, sitios, para dormir...) se ejerce en distancias pequeñas entre los individuos (distancia crítica). No es lícito para un dominante prohibir a un sumiso comer un trozo de carne a 50 metros de él, sólo se hace cuando ambos están cerca de la carne.

Por tanto cuando nuestro perro en un paseo encuentra basura o cuando “roba” de la mesa que hemos dejado sola, está actuando legalmente y sin menoscabo de nuestra autoridad. Aun así, todos vemos la necesidad de poder prohibirle actuar incorrectamente a distancia.

Quitando problemas concretos que puedan ser solucionados con castigo indirecto asociado a la situación (rechazo de alimentos, por ejemplo) la enseñanza del NO es fundamental para la tenencia de un perro. Aquí sí puede aparecer la correa fijada a un collar de cuero. Cuando el perro cometa una acción ilícita le daremos un tirón seco que sorprenda al cachorro y detenga dicha acción, si la acción se produce en casa o yendo sin correa la corrección adecuada es un golpe seco que sorprenda al perro en el hocico, este golpe no debe ser doloroso para el cachorro.

Lo más importante durante la enseñanza primera del NO es cortar la acción ilícita por la sorpresa y brusquedad de la corrección asociada al comando. No debemos enfadarnos ni zamarrear al perro del pellejo para la primera enseñanza del NO pues daríamos al comando un significado de exclusivamente de castigo, limitando la posibilidad de usarlo para informar al perro de que ha hecho una elección incorrecta.

Además por sus características de pauta no del todo natural podría resultar en que el perro se sintiera tiranizado (el equivalente sería que nuestro jefe nos llamara a casa en Domingo para exigirnos que hiciéramos algún trabajo, probablemente lo haríamos para no perder el empleo pero nuestra relación con el jefe empeoraría notablemente y nos sentiríamos explotados).

Por supuesto cuando el perro abandona la acción está sorprendido y dudando si asustarse, es el momento de, sin que se dé cuenta, desviar su atención hacia otra cosa. Así se evita que aparezca miedo y que vuelva a actuar como no queremos. Cuando el perro ya entiende que el comando NO significa cesar en la acción que está realizando, sí podemos y debemos usar pautas dominantes asociadas al comando para que aprenda su uso coercitivo. Esto es, podemos en esta segunda fase zamarrearlo del pellejo o darle un empujón brusco. Siempre se enseñará el uso del NO como castigo jerárquico y prohibición en segundo lugar para evitar estados emocionales negativos asociados al comando que interfieran en su uso informativo.

Siempre recordar la norma de primero enseñar luego ordenar. No se puede exigir al perro obediencia en algo que no comprende todavía. Solo se aplican pautas dominantes directamente en conductas instintivas y por tanto preprogramadas en el perro. La mala enseñanza del NO aunque aparentemente no tenga secuelas, es la primera piedra de la tiranización de un perro y de adiestramientos posteriores con continuas actitudes sumisas y de falta de confianza en el guía. No es lo mismo ser el “jefe” de un perro, lo que es fácil, que ser un buen “jefe” para un perro.

 

ENTRENAMIENTO DE JAULA

Es importante enseñar lo antes posible al cachorro a permanecer tranquilo y relajado dentro de una jaula.

La permanencia en jaulas del tipo que es usado para el transporte aéreo de perros no es, como pueda parecer, cruel e inhumano. Si el perro ha sido correctamente habituado a ella, la verá como un lugar privado y, dada la ausencia de estímulos, una cámara de relajación. El entrenamiento de jaula, además de la facilidad para el transporte del animal, ayuda a prevenir la ansiedad por separación, nos permite ofrecerle un sitio tranquilo y familiar cuando viajamos; permitiéndonos así llevarlo a más sitios con nosotros (por ejemplo, es más fácil acceder a hoteles si el perro permanece en la jaula cuando esté solo) y disminuyendo la ansiedad que aparece en los perros al llegar a sitios nuevos.

Para el adiestramiento general del cachorro la jaula tiene dos importantes usos; en trabajos de “time out”  y un uso que puede parecer poco importante pero que resulta básico a la hora de no estropear la relación con el perro; tener un lugar donde aislar al perro si éste se muestra muy pesado o si nuestro humor hace previsible que nos vayamos a enfadar con él con facilidad o por nimiedades. También permite aislarlo de visitas que tengan miedo o rechazo a los perros sin resultar coercitivo. Poder evitar al perro castigos exagerados o caprichosos no debe en ningún momento ser considerado secundario en un programa serio de adiestramiento.

Para habituar al perro a la jaula podemos darle de comer en ella quitando la puerta o dejándola abierta y ofreciéndole en ella un sitio cómodo donde dormir (por ejemplo poniendo una colchoneta), lo ideal es que el perro entienda la jaula como su habitación privada donde puede retirarse a descansar. Si muestra mucha aprensión a entrar podemos colocar sólo media jaula (este tipo de jaula consiste en dos “conchas” plásticas simétricas montada una sobre la otra, para ofrecerle media jaula basta con desmontar la parte de arriba) a modo de cama.

Aun cuando hayamos conseguido que el perro duerma en la jaula y la vea como algo positivo es normal que las primeras veces que cerremos la puerta llore e intente salir. Esto no debe preocuparnos, el protocolo a seguir es dejarle salir cuando cesa de llorar, nunca cuando gimotea, si el perro no deja de llorar podemos hacer un ruido que le llame la atención y cuando se calle brevemente para atender al sonido abrimos la jaula.

En cachorros un sistema ideal es agotarles físicamente antes del confinamiento para que se duerman, por cansancio, enseguida. Es inadecuado meter al cachorro las primeras veces en la jaula cuando está fresco y con necesidad de actividad.

Por último decir que un perro, especialmente un cachorro, no debe permanecer más de 4 ó 5 horas seguidas en una jaula y que la jaula no debe ser usada para malatender las necesidades de ejercicio, contacto social y juego del cachorro. El abuso de la jaula, aparte de éticamente discutible, nos puede dar perros hiperactivos al salir, mala relación con el cachorro y patologías del comportamiento. Recordemos que parte básica de una crianza sana es llevar al perro a variedad de ambientes ricos en estímulos.

 

NECESIDAD DE EJERCICIO

El cachorro dependiendo de su raza y su naturaleza tendrá una necesidad diaria de ejercicio, cubrirla ayuda al buen desarrollo del cachorro teniendo en cuenta que jugar con otros perros y con nosotros además le ayuda a mejorar su coordinación, equilibrio y destrezas motoras.

Un cachorro ha hecho ejercicio suficiente si al volver del paseo se tumba a dormir, si durante el paseo se acuesta o para jadeante su andar estamos sobreejercitándole, esto es inconveniente en especial en razas grandes.

Los paseos son un excelente momento para mejorar la vinculación intersubjetiva con el guía y ayudan a disminuir las conductas destructivas.

Todo lo visto anteriormente constituirá la base de nuestra relación posterior con el perro y las respuestas de éste ante el adiestramiento. El tiempo empleado en generar una relación sana y de confianza en ésta etapa es una inversión de futuro que permitirá al perro avanzar más rápido y seguro en su adiestramiento. Construiremos una base sólida que cimentará todo el trabajo posterior evitando la aparición de conflictos indeseados entre perro y guía.

 


1 Modificado de X. Manteca “Etología Clínica Veterinaria del Perro y del Gato” Ed. Multimédica 1996.

2 El concepto de elasticidad de este manual es equivalente a la “resilencia” en física: la capacidad de recuperación de un material tras haber estado sometido a presión. Como el término “resilencia” no es de uso común y el objeto de este libro es la práctica hemos optado por usar “elasticidad”: capacidad de los cuerpos de recobrar la extensión y forma cuando cesa la acción que los deformaba. Este concepto es menos exacto pero más fácilmente inteligible y resulta muy gráfico.

 
     
 

 

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