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El
adiestramiento del perro en rastreo podemos dividirlo en
tres fases: inicio, presión y mantenimiento.
En este artículo voy a desarrollar el
sistema que más me gusta y mejor me funciona en la fase de
inicio y próximamente desarrollaré las dos fases
siguientes. Se puede empezar el adiestramiento a partir
del cuarto mes de vida del perro, aunque yo prefiero
comenzar al año de edad, cuando el perro es más maduro y
puede soportar los sistemas que desarrollo en este
artículo.
Para
obtener buenos resultados en esta fase, y esto es muy
importante, hay que conseguir que el perro tenga ganas y
quiera rastrear. Tenemos que estudiar bien el carácter del
perro: lo ideal es que sea alegre, le guste jugar y sea
comilón. Pero puede que sea alegre y comilón y que el
juego no le llame mucho la atención. O que le guste jugar
y esté estimulado pero que no sea muy comilón o, en fin,
que sea un pero apático pero muy comilón.
Tenemos
que escoger un sistema eficaz para que sea él mismo quien
se preste a trabajar. Cualquier tipo de fuerza o presión
por nuestra parte quedan descartados. Si tenemos un perro
comilón y juguetón hay que trabajar, evidentemente, con la
comida y el juego. Esta es la mejor combinación posible
para obtener excelentes resultados. ¿Podemos adiestrar un
perro que no reúna ninguna de estas cualidades? Sí,
podemos, aunque es aconsejable la ayuda de un experto.
Tenemos que obligarlo a rastrear desde el principio usando
la presión justa para no hundirlo, e improvisar
constantemente, lo que es muy complicado de hacer y
explicarlo, excedería la finalidad de este artículo.
Tenemos
un perro de un año que reúne las cualidades necesarias. Os
aconsejo que antes de empezar el primer trabajo, el perro
pase un día en ayunas, así se prestará con más facilidad
al sistema que vamos a utilizar: preparamos cuatrocientos
gramos de carne, aproximadamente, cortada en trozos del
tamaño de una nuez y elegimos un terreno que, para los
primeros trazados, deberá ser fácil, con la tierra poco
compacta y algo húmeda para que las huellas queden bien
marcadas y sean visibles a simple vista.

Los
cuatro primeros días marcamos tres rastros seguidos (fig.
1). Hacemos un punto de partida pisando un metro cuadrado
de terreno en el que depositamos tres trozos de carne.
Esto será así en todos los rastros que marquemos en esta
fase. El perro se dará cuenta de que cada vez que le
colocamos en ese punto recibe un olor intenso, lo que le
hace tener más seguridad del rastro a seguir. Caminaremos
en línea recta cincuenta metros, marcando bien las pisadas
y dejando en la parte trasera de cada huella, -la
correspondiente al talón-, un trozo de carne. Es
importante que durante al adiestramiento sólo coma carne
en el rastro, nunca en casa. Al final del trazado
pondremos un juguete (por ejemplo un rodillo o una
pelota). El juguete cumple dos funciones: dar a entender
al perro que hemos terminado y premiarle jugando con él un
buen rato.
Una vez
preparados los rastros, llevamos al perro al punto de
partida atado con una correa normal y el collar de
castigo, que nunca utilizaremos para presionar al perro.
Pretendemos que se acostumbre a llevarlo y no advierta el
cambio cuando sea necesaria la fuerza en la siguiente fase
del adiestramiento. Con la mano izquierda cogemos el
mosquetón de la correa y, al mismo tiempo que le damos la
orden “busca”, le ayudamos a que baje la cabeza tirando
hacia abajo con la mano izquierda. Mientras, con la
derecha, le vamos señalando las huellas. Inmediatamente se
da cuenta, con el hambre que tiene, de que en cada huella
hay comida.

Durante
los tres primeros días hay que mantener asido el mosquetón
con la mano izquierda, casi rozando el collar, impidiendo
que el perro se salga del trazado, para que se dé cuenta
de que siguiendo la línea marcada consigue la recompensa,
primero en forma de carne y, al final, con un rato de
juego con el rodillo o la pelota. A partir del quinto día
ya podemos coger las correa a un metro de distancia del
collar, siguiendo con el mismo trazado de rastros de la
fig. 1. Después de haber practicado de esta forma unos
quince trazados, haremos una sola recta por día, con una
longitud de cien metros y siguiendo el mismo sistema:
terreno fácil y colocando la misma cantidad de carne pero
más distancia (fig. 2).
A
medida de que nos demos cuenta de que el perro sigue
bastante bien y con muchas ganas, podemos alargar hasta
llegar a los ciento cincuenta metros en línea recta,
cogiendo siempre la correa a un metro del collar.

Una vez
que el perro hace las rectas sin dificultad cambiamos a
los trazados de la fig. 3: doscientos metros de longitud
con varias curvas, pero muy suaves, de forma que el perro
no se dé cuenta del cambio de dirección al rastrear. Esta
fase tiene como finalidad facilitar, al llegar el momento,
que haga los ángulos de noventa grados.
Ya
tenemos al perro que lleva unos cuatro meses de rastros,
con grandes distancias de hasta cuatrocientos metros, con
muchas curvas, siempre suaves, y en terrenos fáciles. Es
el momento de comenzar con los ángulos de noventa grados.

Si
hemos trabajado bien desde el principio no le costará
aprender los ángulos. Trazamos un recorrido similar al de
la fig. 4, con tres ángulos y varias curvas. Insisto en la
importancia de que las curvas sean muy suaves para que el
perro aprenda a rastrear sobre el trazado: con muchas
curvas y colocando la carne en el talón de la huella
aprende a trabajar con la nariz.
La
pregunta que nos debemos plantear ahora es: ¿cómo se
trabaja para conseguir buenos resultados en los ángulos?
La respuesta es, en principio, bastante simple: el
adiestrador no tiene que hacer nada.
Evidentemente es el perro quien debe resolver la
dificultad aprendiendo por sí mismo. Es un error pretender
corregirlo con tirones de correa cuando se pasa del
ángulo. Si hacemos las cosas bien desde el principio y con
este método, el perro se dará cuenta de que la única vía
para conseguir la recompensa es a través del trazado.
Cuando se pasa del ángulo se da cuente de que ha perdido
el rastro y nosotros no tenemos que hacer nada. Hay que
dejarlo tranquilo, con la correa floja y que resuelva él
solo.
Con
frecuencia veo, en las pruebas que juzgo, que casi todos
los guías siguen el rastro con la correa muy floja y al
llegar al ángulo la tensan y dan tirones pretendiendo
facilitar el ángulo al perro. Mi sistema se basa en todo
lo contrario: empiezo de salida con la correa un poco
tensa y en el momento en que el perro se pierde o se pasa
un ángulo la dejo totalmente floja y espero hasta que
encuentra el rastro.
Es muy
importante que exista el máximo de entendimiento entre el
guía y el perro. Tenemos que trabajar los dos: el perro
con su nariz y el guía dándole la máxima tranquilidad y
seguridad a través de la correa. En el momento en que
estamos en una prueba de trabajo, mediante la correa le
transmitimos que sigue bien la pista y se tranquiliza y
aumenta su concentración. En el momento en que se pasa el
ángulo y duda, la correa se afloja y se da cuenta de que
estamos perdidos y es él el que tiene que resolver el
problema. Cuando consigue el ángulo y se tensa la correa,
sin decirle nada, le estamos haciendo entender que va
bien, al tiempo que recibe nuestro halago y sigue
tranquilo y concentrado.
Hasta
ahora no he mencionado los objetos. Para mí es muy
importante que el perro, en fase de aprendizaje, no tenga
estorbos. Lo único que queremos con lo expuesto es que
aprenda a seguir un rastro. Si en el momento de empezar a
rastrear ya le colocamos objetos, cuando el perro está
concentrado y realizando un buen trabajo, le dictamos la
orden “platz”, le confundiríamos. Cuando veamos que es
capaz de realizar buenos rastros con varios ángulos
empezaremos con los objetos.

Para
los dos primeros días buscamos un terreno muy fácil y
marcamos un rastro de ochenta metros con una curva muy
suave (fig. 5). En el punto de partida dejamos dos trozos
de carne y el resto lo llevamos en una riñonera. Después
del punto de partida vamos a ir colocando los objetos, a
una distancia de unos siete metros aproximadamente. Al
final del trazado dejamos el juguete. Nos dirigimos con el
perro al punto de partida y le damos la orden de busca.
Cada vez que esté a la altura de un objeto, con un tirón
de collar, le damos al orden “platz” y, al instante, le
acariciamos y le compensamos con un buen trozo de carne
hasta repartir los cuatrocientos gramos en el recorrido.
Al final jugamos un buen rato con él. Ya hemos llegado al
final de la primera fase. Vamos a cambiar la correa normal
por la de diez metros y seguimos con el collar de
castigo.

A
partir de ahora vamos a inventar trazados similares al de
la fig. 6. con una longitud de unos quinientos pasos como
mínimo y con cinco objetos. Aquí volvemos a repartir la
carne a lo largo del trazado reservando cinco trozos para
premiar cada objeto marcado, lo que seguirá haciendo
durante bastante tiempo aún con al orden “platz”. En esta
primera fase del adiestramiento en rastreo no existe
fuerza ni presión. Todo consiste en estímulos a base de
carne y juguetes para que el perro tenga ganas de rastrear
y esté motivado. A partir de este momento es cuando ya
pueden entrar la disciplina y la presión en el
adiestramiento, eso sí, con mucho tacto y serenidad
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