Segunda Fase del Rastreo

 
  Extraído, con permiso, de la Revista "Apport" nº 28  
     
   
 
Tomeu Rotger
 
 
 

Una vez que el perro ha entendido que el rastreo es una disciplina más trabajará mejor y más concentrado.

En el artículo anterior expliqué la primera fase del rastreo. Una vez superada con éxito ésta, no nos será difícil acceder a la segunda fase. En este artículo quiero demostrar que, aunque se hable de presión, si ésta está bien estudiada y preparada, no es tanta. Si se ha seguido la primera fase  no será difícil, con un mínimo de presión, dar a entender al perro que el rastreo es una disciplina más a la que él tendrá que amoldarse.

En este reportaje podrán ver algunos de los ejemplos que si el guía estudia bien al perro, o bien, siguiendo correctamente el desarrollo del trabajo que éste realiza en los rastros, el día que el perro falle, (por uno u otro motivo), seguidamente podrá preparar un trazado para corregir el defecto que éste cometa. Con este sistema se consiguen excelentes resultados en un perro que se caracteriza por su disciplina y al mismo tiempo es alegre trabajando. 

Ejemplo 1:

Nos encontramos ante un perro que ha pasado la primera fase del rastreo satisfactoriamente. Entrenemos en la segunda fase que denominaremos Fase de Presión.

Vamos a suponer que el perro ya se aburre en los rastros y se da cuenta de que, aunque se desvíe del rastro y alguna vez vaya rastreando en zig-zag, también encuentra la carne que previamente hemos colocado. Ocurrido esto, vamos a preparar un trazado como el de la figura nº 1. En éste marcaremos un buen punto de partida, sin carne y con una curva alargada y suave de unos 400 pasos.

Pondremos los trozos de carne en los últimos 100 pasos. Estos serán de un tamaño tres veces superior al que normalmente le tenemos acostumbrado a encontrarse. Cabe señalar que con estos ocho trozos de carne le repartiremos los 400 gramos a los que normalmente está acostumbrado. Al final del trazado colocaremos el juguete.

En esta operación no se colocan objetos. Nuestro principal objetivo es que el perro aprenda a rastrear el trazado con disciplina.

Comenzamos colocando el perro en el punto de partida, dándole la orden de “busca”.  El perro comienza a rastrear, pero de la manera que lo hacía últimamente, es decir, en paralelo, en zig-zag. Lo dejamos que rastree de esta manera durante unos 100 pasos, y a partir de aquí le decimos fuertemente ¡NO!, y le damos siete u ocho estirones fuertes de correa y collar. La reacción del perro es asustarse, pero nosotros le daremos a entender que no rastreaba bien. Lo volvemos a colocar sobre el rastro y a medida que él rastree, alabándole, el perro irá encontrando la comida y notará que está haciéndolo bien, y al mismo tiempo no será difícil superar este castigo. La recuperación será relativamente fácil. Por ello, en la mayoría de los casos, prepararemos el terreno para asegurarnos que en éste, al ser castigado, el perro encontrará recompensa. Ha de ser fácil recompensar al perro para no hundirlo.

Ejemplo 2:

Vamos a suponer que nuestro perro ya sabe rastrear bien, pero ha adquirido el vicio de que después del ángulo se descontrola por cualquier circunstancia, es decir: porque encuentra poca comida, porque está cansado, o simplemente porque tiene ganas de terminar. Pues bien, nuestro trabajo va a consistir en hacerle comprender que el rastreo es una disciplina más y que debe cumplirla.

Para ello prepararemos un trazado como el que señalamos en la figura nº 2. Un punto de partida con un trozo de carne y dos rectas de unos 200 pasos, en la que a su mitad habrá un ángulo de 90 grados. En la primera de las rectas colocaremos dos trocitos de carne y en los 100 últimos pasos de la segunda recta colocaremos el resto de la carne a la que habitualmente lo tenemos acostumbrado, siendo los trozos grandes. Y al final del trazado dejaremos el juguete.

Situamos al perro desde el punto de partida. Le damos la orden de “busca”. Observamos que el perro sale bien, pero, después de pasar el ángulo correctamente el perro ya no responde, se desentiende del rastro. Entonces es cuando se le aplican siete u ocho estirones fuertes  de correa y collar a la orden ¡NO!  Seguidamente habrá que recuperar al perro, ya que él se habrá asustado. Es muy importante conocer bien al perro, saber el sitio en el cual falla. Por ello, al siguiente día, ya conociendo sus errores, adecuaremos un trazado correcto para corregirlo y le daremos a entender que el rastreo es una disciplina  y que al terminar ésta tendrá juego.

Ejemplo 3:

Supongamos que el perro se ha vuelto vago en el marcaje de los objetos y prefiere pasarlos ya que sabe que igualmente encuentra la carne en el trazado. Vamos a preparar un trazado de idénticas dimensiones (unos 400 pasos), con una curva muy suave: figura nº 3. En este trazado vamos a engañar al perro. En el punto de partida colocaremos tres trozos de carne y durante los 100 primeros pasos seguiremos colocando bastante carne. Seguidamente repartiremos un mínimo de ocho objetos durante los 300 últimos pasos de esta pista. Al final de ella colocaremos el juguete. 

Al poner el perro en la pista, éste se va a encontrar con un trazado muy fácil y con mucha carne, de manera que será muy fácil pasarse el primer objeto. En el mismo momento en que se pasa  éste, le damos un estirón de correa y collar con la orden “Platz”. Nos agacharemos a su lado, acariciándolo y le recompensaremos con un buen trozo de carne que previamente llevaremos en nuestra riñonera de trabajo.

Continuaremos esta operación durante todos los objetos hasta el último. Al llegar al final de la pista y encontrar el juguete estaremos jugando más de lo normal y conseguiremos que el perro olvide los momentos negativos que ha recibido en cada objeto. Con este refuerzo en los objetos, este trabajo nos servirá para los siguientes rastros normales, ya que el perro habrá aprendido que en el momento en que se pase un objeto puede recibir un castigo. Así se da cuenta  que recibe el negativo debido a que se salta un objeto.

Ejemplo 4:

Supongamos que el perro este día no se encuentra muy motivado para rastrear. Cuando llega al ángulo siente atracción por otro tipo de olor que presenta el terreno y automáticamente le presta más atención a éste que al propio trazado. En este momento al perro le es más cómodo seguir el olor extraño y se pasa el ángulo. Lo dejamos seguir hasta que lo ha sobrepasado en una distancia de unos 10 ó 12 metros del ángulo. A partir de aquí es cuando tenemos que castigar al perro. Le daremos unos siete u ocho tirones muy fuertes de correa y collar. Observaremos que la reacción del perro es asustarse, y posiblemente no va querer rastrear. Es ahora cuando el adiestrador no tiene que ser “rencoroso”, y, con tacto y habilidad, tiene que conseguir que el perro siga otra vez el trazado y cuando llegue a los trozos de carne que existen en éste, tiene que alabarle.

El perro se da cuenta y comprende que ha recibido el castigo por no seguir el rastro que le teníamos marcado y, al mismo tiempo, entiende que al seguir el rastro correcto recibe la recompensa en forma de trozos de carne. Este sistema nos puede servir también para los perros que, por falta de preparación, no han conseguido realizar bien los ángulos. Es un error castigar al perro a los dos o tres primeros metros del ángulo. Al perro hay que dejarlo hasta los 10 ó 12 metros, consiguiendo que éste esté totalmente perdido. Si lo castigamos en los primeros metros del ángulo, lo hacemos en una zona en que, según sople el aire, el perro puede estar recibiendo un poco de olor del rastro correcto y eso sería confundirlo. Es muy importante que una vez que se pase el ángulo, le dejemos la correa floja y, sin decirle nada, que siga caminando hasta que él se encuentre totalmente perdido y a partir de allí es cuando procederemos a actuar. Sirvan pues estas explicaciones para que, una vez comprendido que el  rastreo es una disciplina más, nos demos cuenta que entendido ésto por parte del perro, éste trabaja mejor y más concentrado. A partir de aquí tenemos que prepara otro tipo de trazados para mantener el perro en rastreo. Esto os lo explicaré en la tercera y última fase.

 

 
     
 

 

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