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Una vez que el perro ha entendido que el rastreo es una
disciplina más trabajará mejor y más concentrado.
En el artículo anterior expliqué la primera fase del
rastreo. Una vez superada con éxito ésta, no nos será
difícil acceder a la segunda fase. En este artículo quiero
demostrar que, aunque se hable de presión, si ésta está
bien estudiada y preparada, no es tanta. Si se ha seguido
la primera fase no será difícil, con un mínimo de
presión, dar a entender al perro que el rastreo es una
disciplina más a la que él tendrá que amoldarse.
En este reportaje podrán ver algunos de los ejemplos que
si el guía estudia bien al perro, o bien, siguiendo
correctamente el desarrollo del trabajo que éste realiza
en los rastros, el día que el perro falle, (por uno u otro
motivo), seguidamente podrá preparar un trazado para
corregir el defecto que éste cometa. Con este sistema se
consiguen excelentes resultados en un perro que se
caracteriza por su disciplina y al mismo tiempo es alegre
trabajando.
Ejemplo 1:
Nos encontramos ante un perro que ha pasado la primera
fase del rastreo satisfactoriamente. Entrenemos en la
segunda fase que denominaremos Fase de Presión.
Vamos a suponer que el perro ya se aburre en los rastros y
se da cuenta de que, aunque se desvíe del rastro y alguna
vez vaya rastreando en zig-zag, también encuentra la carne
que previamente hemos colocado. Ocurrido esto, vamos a
preparar un trazado como el de la figura nº 1. En éste
marcaremos un buen punto de partida, sin carne y con una
curva alargada y suave de unos 400 pasos.

Pondremos los trozos de carne en los últimos 100 pasos.
Estos serán de un tamaño tres veces superior al que
normalmente le tenemos acostumbrado a encontrarse. Cabe
señalar que con estos ocho trozos de carne le repartiremos
los 400 gramos a los que normalmente está acostumbrado. Al
final del trazado colocaremos el juguete.
En esta operación no se colocan objetos. Nuestro principal
objetivo es que el perro aprenda a rastrear el trazado con
disciplina.
Comenzamos colocando el perro en el punto de partida,
dándole la orden de “busca”. El perro comienza a
rastrear, pero de la manera que lo hacía últimamente, es
decir, en paralelo, en zig-zag. Lo dejamos que rastree de
esta manera durante unos 100 pasos, y a partir de aquí le
decimos fuertemente ¡NO!, y le damos siete u ocho
estirones fuertes de correa y collar. La reacción del
perro es asustarse, pero nosotros le daremos a entender
que no rastreaba bien. Lo volvemos a colocar sobre el
rastro y a medida que él rastree, alabándole, el perro irá
encontrando la comida y notará que está haciéndolo bien, y
al mismo tiempo no será difícil superar este castigo. La
recuperación será relativamente fácil. Por ello, en la
mayoría de los casos, prepararemos el terreno para
asegurarnos que en éste, al ser castigado, el perro
encontrará recompensa. Ha de ser fácil recompensar al
perro para no hundirlo.
Ejemplo 2:
Vamos a suponer que nuestro perro ya sabe rastrear bien,
pero ha adquirido el vicio de que después del ángulo se
descontrola por cualquier circunstancia, es decir: porque
encuentra poca comida, porque está cansado, o simplemente
porque tiene ganas de terminar. Pues bien, nuestro trabajo
va a consistir en hacerle comprender que el rastreo es una
disciplina más y que debe cumplirla.

Para ello prepararemos un trazado como el que señalamos en
la figura nº 2. Un punto de partida con un trozo de carne
y dos rectas de unos 200 pasos, en la que a su mitad habrá
un ángulo de 90 grados. En la primera de las rectas
colocaremos dos trocitos de carne y en los 100 últimos
pasos de la segunda recta colocaremos el resto de la carne
a la que habitualmente lo tenemos acostumbrado, siendo los
trozos grandes. Y al final del trazado dejaremos el
juguete.
Situamos al perro desde el punto de partida. Le damos la
orden de “busca”. Observamos que el perro sale bien, pero,
después de pasar el ángulo correctamente el perro ya no
responde, se desentiende del rastro. Entonces es cuando se
le aplican siete u ocho estirones fuertes de correa y
collar a la orden ¡NO! Seguidamente habrá que recuperar
al perro, ya que él se habrá asustado. Es muy importante
conocer bien al perro, saber el sitio en el cual falla.
Por ello, al siguiente día, ya conociendo sus errores,
adecuaremos un trazado correcto para corregirlo y le
daremos a entender que el rastreo es una disciplina y que
al terminar ésta tendrá juego.
Ejemplo 3:
Supongamos que el perro se ha vuelto vago en el marcaje de
los objetos y prefiere pasarlos ya que sabe que igualmente
encuentra la carne en el trazado. Vamos a preparar un
trazado de idénticas dimensiones (unos 400 pasos), con una
curva muy suave: figura nº 3. En este trazado vamos a
engañar al perro. En el punto de partida colocaremos tres
trozos de carne y durante los 100 primeros pasos
seguiremos colocando bastante carne. Seguidamente
repartiremos un mínimo de ocho objetos durante los 300
últimos pasos de esta pista. Al final de ella colocaremos
el juguete.

Al poner el perro en la pista, éste se va a encontrar con
un trazado muy fácil y con mucha carne, de manera que será
muy fácil pasarse el primer objeto. En el mismo momento en
que se pasa éste, le damos un estirón de correa y collar
con la orden “Platz”. Nos agacharemos a su lado,
acariciándolo y le recompensaremos con un buen trozo de
carne que previamente llevaremos en nuestra riñonera de
trabajo.
Continuaremos esta operación durante todos los objetos
hasta el último. Al llegar al final de la pista y
encontrar el juguete estaremos jugando más de lo normal y
conseguiremos que el perro olvide los momentos negativos
que ha recibido en cada objeto. Con este refuerzo en los
objetos, este trabajo nos servirá para los siguientes
rastros normales, ya que el perro habrá aprendido que en
el momento en que se pase un objeto puede recibir un
castigo. Así se da cuenta que recibe el negativo debido a
que se salta un objeto.
Ejemplo 4:
Supongamos que el perro este día no se encuentra muy
motivado para rastrear. Cuando llega al ángulo siente
atracción por otro tipo de olor que presenta el terreno y
automáticamente le presta más atención a éste que al
propio trazado. En este momento al perro le es más cómodo
seguir el olor extraño y se pasa el ángulo. Lo dejamos
seguir hasta que lo ha sobrepasado en una distancia de
unos 10 ó 12 metros del ángulo. A partir de aquí es cuando
tenemos que castigar al perro. Le daremos unos siete u
ocho tirones muy fuertes de correa y collar. Observaremos
que la reacción del perro es asustarse, y posiblemente no
va querer rastrear. Es ahora cuando el adiestrador no
tiene que ser “rencoroso”, y, con tacto y habilidad, tiene
que conseguir que el perro siga otra vez el trazado y
cuando llegue a los trozos de carne que existen en éste,
tiene que alabarle.
El perro se da cuenta y comprende que ha recibido el
castigo por no seguir el rastro que le teníamos marcado y,
al mismo tiempo, entiende que al seguir el rastro correcto
recibe la recompensa en forma de trozos de carne. Este
sistema nos puede servir también para los perros que, por
falta de preparación, no han conseguido realizar bien los
ángulos. Es un error castigar al perro a los dos o tres
primeros metros del ángulo. Al perro hay que dejarlo hasta
los 10 ó 12 metros, consiguiendo que éste esté totalmente
perdido. Si lo castigamos en los primeros metros del
ángulo, lo hacemos en una zona en que, según sople el
aire, el perro puede estar recibiendo un poco de olor del
rastro correcto y eso sería confundirlo. Es muy importante
que una vez que se pase el ángulo, le dejemos la correa
floja y, sin decirle nada, que siga caminando hasta que él
se encuentre totalmente perdido y a partir de allí es
cuando procederemos a actuar. Sirvan pues estas
explicaciones para que, una vez comprendido que el
rastreo es una disciplina más, nos demos cuenta que
entendido ésto por parte del perro, éste trabaja mejor y
más concentrado. A partir de aquí tenemos que prepara otro
tipo de trazados para mantener el perro en rastreo. Esto
os lo explicaré en la tercera y última fase.
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