Tercera Fase del Rastreo

 
  Extraído, con permiso, de la Revista "Apport" nº 30  
     
   
 
Tomeu Rotger
 
 
 

Fase de mantenimiento:

Después de los dos anteriores artículos en los que expliqué la fase de iniciación y la de presión, me corresponde en esta tercera fase intentar daros cuenta de cómo conseguir que el perro no baje su rendimiento sino más bien al contrario, que vaya incrementándolo.

Para mí resulta más fácil adiestrar al perro que saberlo mantener, ya que en cada entreno éste nos puede reaccionar de manera diferente y es cuando tenemos que usar más la cabeza que la fuerza, es decir hacer uso de la razón. También me gustaría haceros notar que cada perro es completamente diferente en todas y cada una de sus reacciones, por eso hay que saber improvisar constantemente.

Sin embargo,  y generalizando desde mi propia experiencia, he conseguido unos sistemas de entreno para el mantenimiento del perro en rastro que me dan excelentes resultados. Uno de ellos es que tenemos que inventarnos siempre trazados diferentes. Nunca marcar trazados a nivel de pruebas de trabajo. En estos trazados diferentes es difícil hablar de rectas y ángulos, que aquí está el secreto del mantenimiento. Por ejemplo ved estos trazados:

 
 
 
 

Se puede comprobar que doy la máxima importancia en curvas y en la manera de dejar la comida, que siempre está más reforzada al final del trazado. Con las curvas conseguiremos tres cosas muy importantes: primero la concentración; segundo, que el perro consigue mejores rectas por no querer perder el trazado y tercero, que el perro realiza mejor los ángulos de 90 grados.

Así pues, el secreto de la comida (la carne) está en que nunca el perro sabe  qué longitud tiene el trazado, pero en cambio  sí sabe que siempre al final del trazado recibe la gran recompensa. Por ello el perro sabe que hasta que no haya encontrado mucho refuerzo de carne no ha terminado el rastro.

En la cuarta figura veréis que solo existen dos rectas muy largas y un ángulo 90 grados, pero bueno, sois vosotros mismos, como adiestradores los que debéis usar la imaginación, pero siempre dentro de esta lógica. Podréis comprobar en estas figuras que en los puntos de partida no siempre existe carne.

PUNTO DE PARTIDA: Es muy importante que el perro sepa trabajar el punto de partida. Os recuerdo que en la primera fase ya expliqué que a través de la carne el perro aprende a trabajar el punto de partida. Es decir, si hemos iniciado correctamente al perro en el punto de partida, no nos será difícil saberlo mantener

En la fase de mantenimiento el perro no sabe nunca en qué dirección está el trazado (fig. 5).

Empleando este sistema, el perro, una vez colocado sobre el punto de partida, está obligado a investigar en qué dirección está el trazado, y la concentración comienza desde el principio, es decir, un perro que trabaja bien los puntos de partida se concentra de tal manera que todo le es más fácil.

El perro que no sabe trabajar el punto de partida –y como consecuencia de ello- es un perro inseguro, y la mayoría de las veces cuando se da cuenta del olor que tiene que seguir ya ha recorrido 30 metros. Es lógico que el perro inseguro salga a rastrear sin saber el tipo  de olor que tiene que buscar, este perro difícilmente será un buen perro de rastreo, ya que al encontrarse en un terreno un poco difícil tendrá muchísimas complicaciones. A la conclusión que se llega es que es importantísimo trabajar bien y mantener al máximo el punto de partida.

Durante la tercera fase, “fase de mantenimiento”, debemos conseguir los máximos resultados, pero a ello hay que añadir que existen perros que en las dos primeras fases un adiestrador no consigue todo lo que quisiera, aunque si pasamos al perro correctamente a la tercera fase –y haciendo uso de nuestro tacto, vista y constancia, sin dejarnos llevar por los nervios y las prisas- con el tiempo se pueden conseguir excelentes resultados.

Me permito a continuación explicaros como ejemplo ilustrativo los casos de dos perros muy diferentes que he adiestrado en rastreo:

Primero: Tenía un malinois , de nombre EPI, que rastreaba de maravilla, y un día (ya en la tercera fase del rastreo) me encontré que rastreando saltaba los objetos. Pues buen, al día siguiente le preparé un rastro con varios objetos y ya en el rastro, cada vez que encontraba un objeto le daba un estirón y la orden. El perro terminó el rastro pero me di cuenta que al marcarme los objetos no quería la comida como premio. Estas reacciones son normales. La sorpresa me la llevé al día siguiente, cuando tras ponerlo de nuevo en pista sobre el rastro, el perro metió el rabo entre las patas, empezó a agachar la cabeza asustado y no fui capaz de que aquel día el perro rastreara. Sorprendido, me fui a casa, dejé el perro en el chenil y lo tuve un día sin comer, pensando que a través del hambre que pudiera tener conseguiría que me volviera a rastrear. Pasar tres días y no obtuve ningún resultado satisfactorio. Entonces opté por dejarlo en el chenil y darle su comida diariamente, dejándolo reposar tranquilamente.

Durante estos días estuve preocupadísimo, no hacía más que pensar en el problema que tenía con el perro, hasta que un día se me ocurrió lo que le podía pasar al animal. Pensé que posiblemente había cogido miedo al rastro porque sabía que se encontraría con objetos  y en ellos había recibido un negativo. Me dije: “¡Ya está! problema resuelto”. La solución fue trabajar durante varios días en unos trazados entre tres y cuatro metros de rastro y un objeto al final de éste. Le acompañaba haciéndolo rastrear hasta el objeto, le daba la orden de Platz sin fuerza alguna, jugando mucho con él y dándole comida. El perro rápidamente superó este trauma y ahora os puedo decir que este malinois está en Alemania y consigue excelentes resultados.

EL SEGUNDO CASO es más reciente y me ocurrió con un pastor alemán llamado AKI. Este pero lo compré iniciado, pero la sorpresa llego el primer día de rastreo. A la orden de “Busca” la reacción del perro fue catastrófica; comenzó a rastrear susperasustado y llegó un momento que era superior el miedo que tenía a la concentración que debía tener, por ello aunque el rastro era fácil, fue un desastre. Dejé pasar unos días y empecé desde el principio. Pasé las dos primeras fases, aunque no de manera satisfactoria para mí, y al llegar a la tercera fase pensé que lo que necesitaba el perro, que ya sabía rastrear, era adquirir seguridad y tranquilidad. Para ello me propuse preparar un tipo de entramientos de los que me gustaría explicaros en otra ocasión –ahora se alargaría en demasía este artículo-. AKI es un excelente en rastro.

He querido contaros estos dos casos para que os sirva de ayuda, sobre todo para aquellos perros que llegados a este punto no os satisface su trabajo, e incluso os hacen creer que no están dotados para el rastreo y los retiráis. Mi opinión es que casi todos los perros sirven para rastrear.

Espero que estos tres artículos que he escrito en APPORT os hayan servido de ayuda, pues aunque no soy un experto en esto de la escritura  he intentado explicar fielmente  mis métodos de trabajo. Sólo me queda por animar a todos los aficionados y ¡a conseguir grandes éxitos!.

 

 
     
 

 

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