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Fase de
mantenimiento:
Después de
los dos anteriores artículos en los que expliqué la fase
de iniciación y la de presión, me corresponde en esta
tercera fase intentar daros cuenta de cómo conseguir que
el perro no baje su rendimiento sino más bien al
contrario, que vaya incrementándolo.
Para mí
resulta más fácil adiestrar al perro que saberlo mantener,
ya que en cada entreno éste nos puede reaccionar de manera
diferente y es cuando tenemos que usar más la cabeza que
la fuerza, es decir hacer uso de la razón. También me
gustaría haceros notar que cada perro es completamente
diferente en todas y cada una de sus reacciones, por eso
hay que saber improvisar constantemente.
Sin embargo,
y generalizando desde mi propia experiencia, he conseguido
unos sistemas de entreno para el mantenimiento del perro
en rastro que me dan excelentes resultados. Uno de ellos
es que tenemos que inventarnos siempre trazados
diferentes. Nunca marcar trazados a nivel de pruebas de
trabajo. En estos trazados diferentes es difícil hablar de
rectas y ángulos, que aquí está el secreto del
mantenimiento. Por ejemplo ved estos trazados:
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Se puede
comprobar que doy la máxima importancia en curvas y en la
manera de dejar la comida, que siempre está más reforzada
al final del trazado. Con las curvas conseguiremos tres
cosas muy importantes: primero la concentración; segundo,
que el perro consigue mejores rectas por no querer perder
el trazado y tercero, que el perro realiza mejor los
ángulos de 90 grados.
Así pues, el
secreto de la comida (la carne) está en que nunca el perro
sabe qué longitud tiene el trazado, pero en cambio sí
sabe que siempre al final del trazado recibe la gran
recompensa. Por ello el perro sabe que hasta que no haya
encontrado mucho refuerzo de carne no ha terminado el
rastro.

En la cuarta
figura veréis que solo existen dos rectas muy largas y un
ángulo 90 grados, pero bueno, sois vosotros mismos, como
adiestradores los que debéis usar la imaginación, pero
siempre dentro de esta lógica. Podréis comprobar en estas
figuras que en los puntos de partida no siempre existe
carne.
PUNTO DE
PARTIDA: Es muy importante que el perro sepa trabajar
el punto de partida. Os recuerdo que en la primera fase ya
expliqué que a través de la carne el perro aprende a
trabajar el punto de partida. Es decir, si hemos iniciado
correctamente al perro en el punto de partida, no nos será
difícil saberlo mantener
En la fase de
mantenimiento el perro no sabe nunca en qué dirección está
el trazado (fig. 5).

Empleando
este sistema, el perro, una vez colocado sobre el punto de
partida, está obligado a investigar en qué dirección está
el trazado, y la concentración comienza desde el
principio, es decir, un perro que trabaja bien los puntos
de partida se concentra de tal manera que todo le es más
fácil.
El perro que
no sabe trabajar el punto de partida –y como consecuencia
de ello- es un perro inseguro, y la mayoría de las veces
cuando se da cuenta del olor que tiene que seguir ya ha
recorrido 30 metros. Es lógico que el perro inseguro salga
a rastrear sin saber el tipo de olor que tiene que
buscar, este perro difícilmente será un buen perro de
rastreo, ya que al encontrarse en un terreno un poco
difícil tendrá muchísimas complicaciones. A la conclusión
que se llega es que es importantísimo trabajar bien y
mantener al máximo el punto de partida.
Durante la
tercera fase, “fase de mantenimiento”, debemos conseguir
los máximos resultados, pero a ello hay que añadir que
existen perros que en las dos primeras fases un
adiestrador no consigue todo lo que quisiera, aunque si
pasamos al perro correctamente a la tercera fase –y
haciendo uso de nuestro tacto, vista y constancia, sin
dejarnos llevar por los nervios y las prisas- con el
tiempo se pueden conseguir excelentes resultados.
Me permito a
continuación explicaros como ejemplo ilustrativo los casos
de dos perros muy diferentes que he adiestrado en rastreo:
Primero:
Tenía un malinois , de nombre EPI, que rastreaba de
maravilla, y un día (ya en la tercera fase del rastreo) me
encontré que rastreando saltaba los objetos. Pues buen, al
día siguiente le preparé un rastro con varios objetos y ya
en el rastro, cada vez que encontraba un objeto le daba un
estirón y la orden. El perro terminó el rastro pero me di
cuenta que al marcarme los objetos no quería la comida
como premio. Estas reacciones son normales. La sorpresa me
la llevé al día siguiente, cuando tras ponerlo de nuevo en
pista sobre el rastro, el perro metió el rabo entre las
patas, empezó a agachar la cabeza asustado y no fui capaz
de que aquel día el perro rastreara. Sorprendido, me fui a
casa, dejé el perro en el chenil y lo tuve un día sin
comer, pensando que a través del hambre que pudiera tener
conseguiría que me volviera a rastrear. Pasar tres días y
no obtuve ningún resultado satisfactorio. Entonces opté
por dejarlo en el chenil y darle su comida diariamente,
dejándolo reposar tranquilamente.
Durante estos
días estuve preocupadísimo, no hacía más que pensar en el
problema que tenía con el perro, hasta que un día se me
ocurrió lo que le podía pasar al animal. Pensé que
posiblemente había cogido miedo al rastro porque sabía que
se encontraría con objetos y en ellos había recibido un
negativo. Me dije: “¡Ya está! problema resuelto”. La
solución fue trabajar durante varios días en unos trazados
entre tres y cuatro metros de rastro y un objeto al final
de éste. Le acompañaba haciéndolo rastrear hasta el
objeto, le daba la orden de Platz sin fuerza alguna,
jugando mucho con él y dándole comida. El perro
rápidamente superó este trauma y ahora os puedo decir que
este malinois está en Alemania y consigue excelentes
resultados.
EL SEGUNDO
CASO es más reciente y me ocurrió con un pastor alemán
llamado AKI. Este pero lo compré iniciado, pero la
sorpresa llego el primer día de rastreo. A la orden de
“Busca” la reacción del perro fue catastrófica; comenzó a
rastrear susperasustado y llegó un momento que era
superior el miedo que tenía a la concentración que debía
tener, por ello aunque el rastro era fácil, fue un
desastre. Dejé pasar unos días y empecé desde el
principio. Pasé las dos primeras fases, aunque no de
manera satisfactoria para mí, y al llegar a la tercera
fase pensé que lo que necesitaba el perro, que ya sabía
rastrear, era adquirir seguridad y tranquilidad. Para ello
me propuse preparar un tipo de entramientos de los que me
gustaría explicaros en otra ocasión –ahora se alargaría en
demasía este artículo-. AKI es un excelente en rastro.
He querido
contaros estos dos casos para que os sirva de ayuda, sobre
todo para aquellos perros que llegados a este punto no os
satisface su trabajo, e incluso os hacen creer que no
están dotados para el rastreo y los retiráis. Mi opinión
es que casi todos los perros sirven para rastrear.
Espero que
estos tres artículos que he escrito en APPORT os
hayan servido de ayuda, pues aunque no soy un experto en
esto de la escritura he intentado explicar fielmente mis
métodos de trabajo. Sólo me queda por animar a todos los
aficionados y ¡a conseguir grandes éxitos!.
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